Por que darle a tu vida un propósito es importante y cómo hallarlo
Tener un propósito, una misión que debemos cumplir, hace que vivamos vidas más largas y felices.
Una investigación realizada con 136.000 personas en Japón y Estados Unidos, encontró que quienes no tenían un propósito por el cual vivir tenían una probabilidad 20% mayor de morir más pronto que aquellos que lo tenían.
“¡Ay del que no le encontró más sentido a su vida! Sin un objetivo, sin un propósito, y por lo tanto, sin razón alguna para continuar. Pronto lo perdíamos”, escribió Viktor Frankl, el psiquiatra austriaco que sobrevivió tres años en los campos de concentración Nazi, quien pudo observar de primera mano cómo tener una misión que cumplir, ayudaba a las personas a sobrevivir las condiciones más duras que uno pueda imaginar.
El impacto del propósito también es poderoso en las empresas. Un análisis de la consultora de recursos humanos Towers Watson llevado a cabo en 50 empresas globales, encontró que las organizaciones que mostraron bajas puntuaciones en el nivel de compromiso de sus empleados hacia la organización, tenían un margen operativo 10 por ciento inferior al promedio del estudio.
Las compañías donde el compromiso era mayor gozaban de un margen operativo 27% superior a la media.
Y ¿Cuál es el factor que mejor predice el compromiso de los empleados dentro de la empresa? El propósito. Otra investigación realizada en 2013 con 12.000 empleados encontró que quienes sentían que su trabajo tenía un propósito, eran más comprometidos con su empresa y registraban casi el doble de satisfacción laboral.
COMO HALLAR TU PROPÓSITO
Perfecto, ya sabemos que darle un propósito a nuestra vida es importante, ahora ¿cómo podemos hallarlo? Antes de comenzar, si no sabes aún cuál es tu misión en la vida, no te preocupes, estás en buena compañía. La mayoría de las personas no lo saben.
Otra cosa que me gustaría aclarar es que NO existe nada como un propósito metafísico que el universo ha conspirado para darnos. Es decir, cuando nacemos no venimos con una misión determinada de antemano. Siento desilusionarte, pero en ninguna parte está escrito que naciste con la misión de salvar el mundo de los extraterrestres ni de los ordenadores asesinos ni tampoco de la tele-basura.
Los seres humanos somos animales que hemos evolucionado hasta alcanzar el desarrollo que hoy tenemos. Pero seguimos siendo animales, nuestro código genético es en un 98% igual al de los chimpancés.
Los animales no tienen un destino que cumplir impuesto por el universo. Jamás te encontrarás a un mono con el codo en la pierna y la mano en la quijada pensando angustiado ‘¿cuál es mi misión en la vida?’ Tampoco se angustian por ello ni los perros ni las pulgas. A ellos les basta con sobrevivir.
Pero a nosotros no, o por lo menos, no debería. Dado que gozamos de el enorme beneficio de la inteligencia, y que tenemos la capacidad de hacer grandes cosas en beneficio de otros, tenemos la obligación moral de intentar hacer algo productivo con nuestra vida. Y, de paso, hacerla más duradera y feliz.
Nuestro propósito no es algo que encontramos, es algo que creamos. Para ello nos basamos en nuestras pasiones, habilidades, valores y las necesidades de la sociedad.
Pongamos un ejemplo. Digamos que desde pequeño te ha apasionado la cocina, gracias a esa predilección has desarrollado una gran habilidad entre fogones. Cuando te empieces a preguntar qué hacer con tu vida, lo razonable sería empezar por ahí, por lo que tanto te gusta: la cocina.
Tus pasión y habilidades te han señalado que la cocina podría ser tu destino, ahora bien, aquello en lo que crees, tus valores, pueden determinar que tipo de cocina harás o la clase de restaurante que tendrás.
Si no soportas el sufrimiento de los animales es probable que te decidas por un restaurante vegetariano. O quizá lo tuyo es ayudar a que personas de escasos recursos puedan acceder a comida de calidad, así que te inclinas por un restaurante low cost. Si tu preocupación es la salud, quizá un restaurante de comida orgánica se tu mejor opción. Y así sucesivamente.
Otro ejemplo, a los lectores compulsivos es razonable que terminen convirtiéndose en escritores. El tipo de escritura dependerá en gran parte de sus valores. León Tolstoi, el gran novelista ruso, creía que las novelas debían educar a las personas, es por eso que sus obras se refieren a los grandes dilemas morales que afronta la humanidad. Otros escritores consideran que sus obras deben, por encima de todo, entretener, y escriben novelas más ligeras y con menos pretensiones.
Para darle propósito a nuestra vida existe un ejercicio que a mi me dio grandes resultados. Durante unos días, quizá una semana, todos las mañanas cuando me levantaba cogía lápiz y papel y me hacía estas tres preguntas: ¿quién soy?, ¿qué quiero?, ¿en que creo?
La razón de hacerlo durante varios días es porque la repetición permite que cavemos más profundo y lleguemos a mejores respuestas. Por lo general, las primeras respuestas que llegan a nuestra mente no son las mejores. Pensar una y otra vez sobre lo mismo nos ayuda a tener mayor claridad.
La primera pregunta, ¿quién soy? (padre, esposo, hijo, arquitecto, economista… ) determina en gran parte la segunda, ¿que quiero? No desea lo mismo un cuarentón casado y con hijos que un veinteañero.
La tercera pregunta te ayuda a descubrir tus valores, aquello en lo que tu crees y que te gustaría promover.
Después de hacerte las tres preguntas lo más natural es que surjan varias opciones de las cuales puedes escoger a qué dedicar tu vida. Escoge una y empieza andar, ya verás como la acción trae claridad.
Darle dirección a nuestra vida es una de las grandes cosas que podemos hacer, porque no basta con estar vivo, como dijo Fyodor Dostoyevsky: “debemos hallar algo por lo cual vivir”.
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