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Dios se exilió con los cubanos

La lección que ha dado Marco Rubio en el Consejo de Seguridad en Múnich con ese discurso y las sucesivas intervenciones y entrevistas lo colocan muy alto en consideración humana, sabia, y política; me atrevería a preconizar que pudiera abrirle las puertas para la Presidencia de Estados Unidos


POR  Zoé Valdés/El Debate.

Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, pero nieto de exiliado cubano –y a su abuelo le debemos todavía más que a sus padres, como él mismo lo declaró en el pasado, que el idioma español estuviera presente en su educación al mismo nivel que el inglés–, hoy secretario de Estado de Estados Unidos se acaba de ubicar de forma arrolladora en el terreno internacional, con un discurso que como con sus predecesores hará historia. Un discurso que recuerda a la gran Margaret Thatcher y a Ronald Reagan. De modo que mientras que allá en la Isla del Espanto (Puerto Rico es la del Encanto), nos obligaron a chapurrear el ruso, en detrimento del idioma propio, el español, y nos condenaban y hasta nos detenían por hablar en el idioma enemigo: el inglés (pasé por esa experiencia), en Miami, Estados Unidos, un abuelo y unos padres se encargaron de preparar a un niño inmigrante primero y exiliado político después para que se convirtiera en el gran político que es en la actualidad.

Recuerdo que en cuanto fue nombrado, Marco Rubio no dudó en aparecer en una entrevista con la cruz en la frente aquel Miércoles de Ceniza; los que fuimos perseguidos en Cuba por católicos entendimos enseguida el mensaje que estaba enviando al mundo: Dios primero y con Dios siempre.

La lección que ha dado Marco Rubio en el Consejo de Seguridad en Múnich con ese discurso y las sucesivas intervenciones y entrevistas lo colocan muy alto en consideración humana, sabia, y política; me atrevería a preconizar que pudiera abrirle las puertas para la Presidencia de Estados Unidos en un futuro, cercano o lejano. No existe nadie en este momento a nivel internacional que se mande un discurso semejante, cultivado, respetuoso, hilvanado con la cadencia del verdadero conocimiento. Sánchez, como demostró, es un moco en comparación. Entonces, vuelvo a lo mismo, mientras en Cuba estaban adoctrinando ideológicamente a los niños, como lo siguen haciendo, en Estados Unidos, unos padres, un abuelo, una familia, y una educación sólida, católica, cristiana, estaban empleando lo mejor de sus esfuerzos en favorecer con sabiduría a numerosos niños cubanoamericanos, entre ellos, Marco Rubio.

No soy adoradora de políticos, lo he dicho en numerosas ocasiones; sin embargo, la experiencia me ha dado buen ojo, y diría que buen tino; aparte de haber vivido, he leído. Leer no sólo es lo básico, es lo fundamental, además de que aprendí a oír a los demás. Recuerdo en la iglesia de La Merced, en mi infancia, cómo Sor Esperanza nos enseñaba a escuchar el canto de los pájaros, a reconocerlos por sus trinos; después nos mostraba en una fuente en el patio de la iglesia, los distintos peces de colores. En todo veíamos a Dios, ella no tenía que decírnoslo, ella sólo nos pedía que ejerciéramos libremente nuestra capacidad auditiva y visual.

A la salida nos esperaban los fidelistas y sus turbas para apedrearnos, gritaban improperios: «¡Gusanos, ratas, traidores!»; mi abuela se encargaba de ordenarme que taponara mis oídos, que no hiciera caso. No hacía falta, yo en mi mente seguía oyendo el canto de los pájaros y la voz tan dulce de Sor Esperanza, delante de mí sólo veía peces preciosos de un colorido inimaginable. Ahí estaba y sigue estando el poder de Dios.

Observando a Marco Rubio, comentándolo con Miriam Gómez de Cabrera Infante, ella en Londres y yo en París, releo lo que me escribió: «Me imagino que se han dividido el trabajo Trump y él, él Europa y Trump lo hará con los presidentes de América. Qué bien lo ha hecho y él no es el único, lo está haciendo Ted Cruz frente a los demócratas, Cruz es el gran orador del partido, los hace papilla. Las «ratas hambrientas» que escapamos lo hemos hecho muy bien, «Dios se exiló con nosotros».

Cuánta verdad encierran esas breves palabras, Dios se exiló con los cubanos. Allá quedó el demonio verde olivo, allá quedaron los obedientes diablillos, los que se creían el centro del universo, los que quitaron de sus paredes las imágenes del Sagrado Corazón para colgar la de Fidel Castro; y no supieron ver que «las fuerzas del cielo» –cito al presidente Javier Milei– se desplazaron con los «judíos» del Caribe en un éxodo en el que perdimos la isla y ganamos –cada uno en nuestro sitio– más de un país, una cultura, un idioma, un pensamiento, unas ideas, una vida plena.

Oyendo las palabras de Marco Rubio pienso, sin embargo, en esos cubanos que, desde dentro de la isla, desde sus cuarticos –como los muchachos de El 4tico y del 11J– empezaron a cambiar Cuba de manera radical, e imagino que cada uno, en su jaula personal, un día abrirá la puertecilla y empezará a cantar con su trino individual.

Cada uno de esos trinos de libertad unidos a los de los exiliados nos devolverán a la isla que merecemos sus hijos; ojalá, al frente, esté Marco Rubio. Y, sepa entender que los cubanos exiliados en cualquier parte del mundo tenemos derecho a posar nuestras alas y trinos y aportar proyectos económicos, culturales, y humanos, para esa Cuba Divina, adonde también junto a nosotros Dios regresará definitivamente.

TOMADO DE  Zoé Valdés | Dios se exilió con los cubanos

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