Florida: el nuevo epicentro del conservadurismo estadounidense y de la renovación intelectual republicana

 


Una brújula ideológica en transformación

En las primeras décadas del siglo XXI, la geografía ideológica del conservadurismo estadounidense ha experimentado una profunda transformación. Durante décadas, Texas encarnó el corazón tradicional del Partido Republicano, mientras que Washington y Nueva York aportaban su columna vertebral intelectual y financiera. Con el ascenso de Donald J. Trump, sin embargo, Florida ha sustituido progresivamente estos centros históricos de gravedad, convirtiéndose no solo en un epicentro simbólico, sino también en una plataforma operativa del nuevo movimiento conservador. Este desplazamiento, acelerado durante la primera presidencia de Trump, se institucionalizó con su segunda administración, inaugurada en enero de 2025, que llevó a Washington un número sin precedentes de figuras procedentes de Florida.

Hoy Florida ya no funciona únicamente como swing state, un estado en equilibrio, sino como el crisol de una síntesis ideológica más amplia: nacional-populismo del programa America First, impulsos libertarios emanados del éxodo californiano de Silicon Valley, reacción cultural dirigida por activistas conservadores y músculo financiero migrado desde Wall Street. El Estado encarna así la visión de la nueva derecha estadounidense: fiscalmente ligera, desregulada, culturalmente combativa y explícitamente anti-woke. Comprender el ascenso de Florida implica situarlo en el largo desarrollo político estadounidense, pero también analizar su papel geopolítico peculiar dentro de Estados Unidos y en el espacio hemisférico de las Américas.

Perspectiva histórica: de la frontera a la primera línea

La trayectoria histórica de Florida estuvo definida durante mucho tiempo por su condición de frontera y de puesto avanzado. Originalmente bastión colonial español, el Estado ingresó en la Unión en 1845 como territorio periférico y escasamente poblado. Su transformación se aceleró en la posguerra, cuando la expansión de infraestructuras y la difusión del aire acondicionado liberaron un enorme potencial demográfico, atrayendo migrantes del Noreste y del Medio Oeste.

Durante la Guerra Fría, Florida se convirtió en la primera línea del enfrentamiento de Estados Unidos al comunismo internacional. Ello se manifestó de manera paradigmática durante la crisis de los misiles de Cuba de 1962, cuando la proximidad geográfica con la isla evidenció la centralidad estratégica del Estado en la defensa estadounidense. Al mismo tiempo, sucesivas oleadas de exiliados cubanos y, más tarde, venezolanos y nicaragüenses moldearon una cultura política impregnada de anticomunismo, intervencionismo y recelo hacia las instituciones multilaterales. Estas comunidades se transformaron en algunos de los bloques electorales conservadores más fiables del país, proporcionando a los republicanos de Florida un arsenal ideológico basado en la libertad, el anti-socialismo y la resiliencia cultural.[1]

A comienzos del nuevo milenio, Florida ya había demostrado su importancia decisiva en la política electoral con el controvertidísimo recuento de 2000, que puso de relieve su papel de ‘kingmaker state’. Su especificidad ideológica, sin embargo, solo se consolidó plenamente con el ascenso de Trump, que transformó el Estado de terreno disputado en generador de doctrina conservadora. Ello fue posible gracias a ventajas estructurales: un régimen fiscal atractivo para capitales y empresarios, un entorno desregulado propicio a la experimentación, un sistema de gobernación estatal dotado de amplios poderes ejecutivos y un ethos cultural de desafío al liberalismo costero.

La Florida de Trump: Mar-a-Lago como centro de mando geopolítico

El símbolo de esta transformación es Mar-a-Lago, la residencia de Trump en Palm Beach. Antaño refugio de la alta sociedad se ha convertido progresivamente en residencia privada y al mismo tiempo en cuartel general casi institucional, definida ya como la “Casa Blanca de invierno”. Allí, Trump ha albergado cumbres políticas, retiros estratégicos y encuentros con grandes donantes, convirtiendo Florida en el hub logístico de su maquinaria política.

Con la llegada de la segunda administración de Trump, el papel de Mar-a-Lago se ha ampliado aún más. Hoy opera como centro de mando simbólico en el que convergen asesores políticos, financiadores y emprendedores intelectuales. La presencia de comunidades de exiliados latinoamericanos en el sur de Florida confiere a Trump y a sus aliados una ventaja ideológica adicional, afinando la narrativa republicana contra el socialismo y reforzando la pretensión de Florida de ser el epicentro de una “política de la libertad”.

La centralidad institucional de Florida se confirma en la composición del Gabinete de Trump II. Marco Rubio, originario de Miami, desempeña simultáneamente el cargo de Secretario de Estado y, desde mayo de 2025, el de Consejero de Seguridad Nacional interino. Susie Wiles, veterana de la estrategia política en Florida, fue elevada a Jefa de Gabinete de la Casa Blanca. Mike Waltz, diputado por Jacksonville y ex Boinas Verdes, fue nombrado embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Kash Patel, figura cercana a Trump ya en su primera presidencia, ocupa hoy un puesto formal en la administración, contribuyendo a la reorganización de la inteligencia y del servicio civil en el marco del controvertido proyecto Schedule F. Estos nombramientos subrayan el peso desproporcionado de Florida en la definición no solo del conservadurismo interno, sino también de la postura estratégica global de Estados Unidos.[2]

Finanzas tecno-libertarias y ascenso del nacional-populismo

Paralelamente a su centralidad política, Florida se ha convertido en los últimos años en un destino predilecto de élites financieras y empresariales de la tecnología que huyen del peso fiscal y regulatorio de los estados costeros. La reinvención de Miami como “capital de las criptomonedas”, promovida inicialmente por el exalcalde Francis Suarez, representa de manera emblemática esta transformación. Fondos especulativos y firmas de venture capital trasladadas desde Nueva York y San Francisco han convertido el sur de Florida en un laboratorio de experimentación tecno-libertaria. Simposios sobre criptomonedas, aceleradoras de blockchain y foros privados de inversión llenan hoy los hoteles más prestigiosos de Miami, fusionando la desregulación económica con temas ideológicos de descentralización, soberanía individual y desconfianza hacia Washington.[3]

Este realineamiento económico no es puramente oportunista. Se entrelaza con la recalibración intelectual de la derecha republicana. Para el milieu tecno-libertario, la criptomoneda y las finanzas digitales representan algo más que una oportunidad de beneficio: encarnan una filosofía de resistencia a la autoridad centralizada y de celebración de la autonomía personal. La presencia de figuras como Elon Musk en los congresos de Miami, las inversiones de la red de Peter Thiel en Palm Beach y el traslado de Keith Rabois a Florida muestran cómo la ética aceleracionista de Silicon Valley se ha fusionado con el populismo floridiano, dando lugar a un futurismo de derechas híbrido. En la segunda administración de Trump, estas redes han encontrado canales directos de influencia a través de miembros del Gabinete y asesores de política económica, enraizando el espíritu libertario de Florida en la estrategia económica y tecnológica nacional.[4]

Pero la identidad de Florida como crisol conservador no es solo económica; es eminentemente cultural. Bajo el liderazgo del gobernador Ron DeSantis, el Estado ha introducido una serie de leyes dirigidas a combatir lo que los conservadores definen como “ideología woke” en escuelas, consejos de administración e instituciones culturales. La ley de 2022 “Stop WOKE Act”, las restricciones a los programas de diversidad e inclusión y el enfrentamiento de alta visibilidad con Disney en materia de derechos LGBTQ+ han hecho de Florida el Estado modelo de una contrarrevolución cultural. En 2025, estas políticas fueron elevadas al nivel federal: órdenes ejecutivas sobre supervisión curricular, directivas del Departamento de Educación para limitar los mandatos DEI y demandas del Departamento de Justicia contra universidades acusadas de “discriminación ideológica” llevan la impronta de los precedentes floridianos.[5]

Esta beligerancia cultural es profundamente estratégica. Los líderes de Florida presentan el Estado como una fortaleza contra el liberalismo costero, como un exportador de legislación conservadora a otros estados gobernados por republicanos y como un banco de pruebas de políticas posteriormente implementadas a nivel nacional. La dimensión performativa de la política cultural floridiana —el recurso deliberado al choque como medio para galvanizar a las bases conservadoras— se reproduce en todo el partido, transformando Florida en lo que los estudiosos de la comunicación política describen como un “epicentro discursivo” del populismo de derechas.[6]

La intersección entre la economía tecno-libertaria y el combate cultural populista revela la peculiar síntesis de Florida. A diferencia del conservadurismo reaganiano, centrado en el libre mercado y el gobierno limitado, la nueva derecha floridiana combina un nacionalismo económico guiado por el Estado con una experimentación tecnológica desregulada, persiguiendo, a la vez, un maximalismo cultural. Este enfoque híbrido ha redefinido las coordenadas intelectuales del conservadurismo estadounidense y ha permitido a Florida proyectar su influencia no solo en Estados Unidos, sino también en el espacio hemisférico y global.

Estrategia demográfica latina y proyección geopolítica de Florida

Una de las contribuciones más significativas de Florida a la estrategia republicana contemporánea radica en su especificidad demográfica. A diferencia del conjunto del electorado latino en Estados Unidos —a menudo representado como proclive al voto demócrata—, la población latina de Florida está compuesta de manera desproporcionada por cubano-americanos, venezolanos y nicaragüenses, comunidades que arrastran memorias vivas del socialismo autoritario. Ello ha permitido a los líderes republicanos construir una narrativa antisocialista tanto moral como política, presentando al GOP como el partido de la libertad, la prosperidad y la estabilidad cultural.

La estrategia republicana en Florida desde los años 2010 se ha centrado en fragmentar el voto latino, en lugar de considerarlo como un bloque progresista. Los cubano-americanos han sido cortejados durante largo tiempo mediante apelaciones a la solidaridad anticastrista y a las preocupaciones de seguridad nacional. Más recientemente, las diásporas venezolanas y nicaragüenses —forjadas por el exilio de los regímenes chavistas y sandinistas— han sido movilizadas sistemáticamente mediante un discurso centrado en la libertad, la oportunidad económica y la estabilidad familiar. En la segunda administración Trump, este modelo se ha nacionalizado: las labores de outreach republicano en Arizona, Texas y Nevada adoptan hoy el patrón floridiano de micro-segmentación, modulando los mensajes no para “los latinos” en general, sino para comunidades específicas con experiencias históricas distintas.[7]

Esta estrategia demográfica se entrelaza con la identidad geopolítica de Florida. Desde la perspectiva hemisférica, Florida se sitúa como puerta de entrada y plataforma operativa de la política estadounidense hacia América Latina. Sus puertos, instalaciones militares y redes diaspóricas la convierten simultáneamente en un hub logístico y en un nodo de soft power. El doble papel de Marco Rubio en 2025, como Secretario de Estado y Consejero de Seguridad Nacional interino, encarna esta sinergia. Floridiano por origen e identidad, Rubio ha reorientado la diplomacia estadounidense en el hemisferio occidental hacia una narrativa más agresivamente antiautoritaria, vinculando la política de sanciones contra Caracas, La Habana y Managua con una defensa más amplia de las normas democráticas en las Américas. Su nombramiento consolida a Florida no solo como ancla electoral, sino también como pilar estratégico de la política hemisférica de Estados Unidos.[8]

A la vez, Florida ejerce influencia en la política interna a través de su papel simbólico como equivalente conservador de California. Así como California exportó en el pasado políticas progresistas en materia de clima, trabajo y gobernanza digital, Florida exporta hoy modelos conservadores sobre reforma educativa, estrategias de inversión anti-ESG, aplicación de las leyes de inmigración y soberanía digital. Los gobernadores republicanos de estados como Texas y Tennessee citan frecuentemente a Florida como prueba de concepto, y modelos legislativos originados en Tallahassee se reproducen ya en parlamentos de numerosos estados.

Esta proyección geopolítica se ve reforzada por el ecosistema mediático floridiano. Emisoras conservadoras, podcasters e influencers radicados en Miami y Tampa difunden narrativas que resuenan tanto a nivel nacional como transnacional, creando un puente informativo entre la derecha estadounidense y los movimientos de oposición latinoamericanos. De este modo, Florida se configura como escenario en el que se representa la guerra cultural de las Américas: un teatro donde las batallas sobre socialismo, democracia y soberanía se refractan a través del prisma de las comunidades de exiliados y de la retórica nacionalista.[9]

En consecuencia, la estrategia demográfica y la proyección geopolítica de Florida resultan inseparables. Movilizando a las comunidades latinas no como minorías pasivas, sino como agentes activos de una lucha transnacional, los republicanos en Florida han remodelado el terreno cultural y electoral de Estados Unidos. El mensaje antisocialista, nacido en los barrios de exiliados de Miami, funciona hoy como eslogan unificador de una coalición conservadora más amplia que se extiende de Washington a Bogotá.

Florida como think tank conservador, centro de renovación intelectual y sede de las figuras clave de la nueva derecha

La transformación de Florida en epicentro del conservadurismo estadounidense no se limita a su peso electoral, a su especificidad demográfica o a sus batallas culturales. Cada vez más, el Estado funciona como laboratorio de ideas y como centro de renovación intelectual para la derecha republicana. Si Washington y Nueva York albergaron durante mucho tiempo los think tanks, medios y universidades encargados de formar a las élites republicanas, hoy Florida está produciendo su propio ecosistema de producción del saber conservador.

En Miami, Orlando y Tallahassee han surgido nuevos centros de investigación, institutos políticos e iniciativas académicas que declaran explícitamente su intención de superar la herencia reaganiana y bushiana. La ortodoxia reaganiana del libre comercio, del gobierno mínimo y de la apertura globalista es reemplazada por una síntesis que combina la política industrial nacionalista, la soberanía digital y el maximalismo cultural. La tríada ideológica que define a esta intelligentsia floridiana puede resumirse en tres conceptos: tecnoace-leracionismo, tradicionalismo reaccionario y antiglobalismo. El primero indica el abrazo a una rápida transformación tecnológica y la convicción de que la empresa privada y las plataformas descentralizadas deben dominar la gobernanza futura. El segundo marca la defensa de la civilización occidental, de los códigos morales cristianos y de las estructuras familiares frente a lo que los conservadores perciben como relativismo cultural y declive moral. El tercero expresa hostilidad hacia las organizaciones multilaterales, las burocracias transnacionales y las élites costeras de los medios y del mundo académico. Esta visión tripartita informa no solo el clima intelectual de Florida, sino también la agenda nacional del conservadurismo durante la segunda administración de Trump.[10]

El peso de Florida se confirma por el elevado número de sus representantes nombrados para cargos federales en 2025, entre ellos, los mencionados Marco Rubio, Susie Wiles, Mike Waltz y Kash Patel. Pero son muchos más los exponentes con fuertes lazos floridianos que ejercen una influencia decisiva en la política nacional. Joe Gruters, originario de Tampa, sirve hoy como Vicejefe de Gabinete para Asuntos Legislativos, Políticos y Públicos y, simultáneamente, como presidente del Comité Nacional Republicano, encarnando el puente entre la infraestructura política de Florida y el mecanismo nacional del partido. Christopher Rufo, aunque no nativo del Estado, ha trasladado gran parte de su actividad militante de guerra cultural a Florida, proporcionando munición intelectual para las campañas contra la critical race theory y las reformas educativas. Elon Musk, empresario global, pero ya con presencia constante en eventos de Miami, inserta su absolutismo sobre la libertad de expresión y su agenda tecno-libertaria en la órbita política floridiana. Peter Thiel y su círculo de venture capital han ampliado su presencia en Palm Beach, invirtiendo en start-ups alineadas con filosofías nacionalistas y aceleracionistas.

La convergencia de estas figuras ilustra cómo Florida funciona a la vez como incubadora intelectual y vivero de personal político para la gobernanza federal. A diferencia del circuito de think tanks de Washington, donde la producción ideológica permanece a menudo distante de la práctica política, el ecosistema floridiano se caracteriza por una integración inmediata: ideas elaboradas en conferencias o retiros de donantes en Miami se traducen con rapidez en borradores de policy en Washington. Esta proximidad entre el discurso intelectual y la ejecución política refuerza la pretensión de Florida de ser el “centro de mando” de la nueva derecha.[11]

La dimensión intelectual del ascenso floridiano también tiene repercusiones transnacionales. Conferencias en Miami atraen a líderes conservadores latinoamericanos, activistas de la oposición e intelectuales de la diáspora, creando una red trans-hemisférica de pensamiento antisocialista. Florida exporta así no solo legislación, sino también esquemas ideológicos, posicionándose como un hub de soft power para un internacionalismo conservador que refleja, de forma inversa, las redes progresistas tradicionalmente enraizadas en California y Nueva York.

El entorno trumpista en Florida, los ideólogos locales y el activismo multinivel de la derecha floridiana

La centralidad de Florida dentro del movimiento trumpista no se fundamenta únicamente en los nombramientos de gabinete o en la red de think tanks. Deriva también de una trama densa y estratificada de operadores, estrategas, líderes de base y activistas radicales que hacen que el Estado funcione a la vez como fortaleza organizativa del Partido Republicano y como escenario de su insurrección cultural.

El núcleo estrecho que rodea a Trump en Florida está compuesto por estrategas de medios, emprendedores políticos y facilitadores institucionales que anclan el mensaje de la administración. Jason Miller y su equipo mediático, con parte del cuartel general en Miami, han creado un ecosistema comunicativo alternativo diseñado para eludir los canales tradicionales y hablar directamente a la base conservadora. Sus iniciativas incluyen inversiones en plataformas sociales alternativas, producciones documentales y la promoción de instituciones culturales paralelas, como nuevas universidades y centros formativos concebidos explícitamente como contrapartes de la “academia liberal”.[12]

Junto a los estrategas de comunicación operan emprendedores políticos con vínculos profundos en el Estado. Richard Grenell, ex Director interino de Inteligencia Nacional y presencia frecuente en Palm Beach, contribuye a delinear una política exterior más nacionalista y transaccional. Kash Patel, además de su papel formal dentro de la administración, es central en el esfuerzo por reconfigurar la comunidad de inteligencia y desmantelar la resistencia burocrática a través de mecanismos como el Schedule F. Linda McMahon, mediante el America First Policy Institute, ha arraigado en Florida incubadoras de policy que redactan órdenes ejecutivas y estrategias legales listas para su aplicación inmediata, creando un pipeline normativo que fluye directamente al Despacho Oval.

La influencia de Florida se extiende mucho más allá de los círculos de élite, penetrando en el tejido del activismo de base. Figuras como Evan Power, presidente del Partido Republicano de Florida desde 2024, han liderado campañas de inscripción electoral sin precedentes y batallas legislativas que han consolidado el dominio del GOP en el Estado. Kevin Marino Cabrera, exdirector de la campaña de Trump a nivel estatal y hoy comisionado del condado de Miami-Dade, encarna la puerta giratoria entre el activismo local y la política institucional. Matt Gaetz y Byron Donalds, diputados cuyas performances mediáticas exuberantes encarnan el estilo del “MAGA 2.0”, muestran cómo los representantes floridianos traducen la ética performativa de la política cultural del Estado en una teatralidad congresual, reforzando la imagen de Florida como sustancia y espectáculo a la vez.[13]

En el extremo más radical del espectro, Florida ha cultivado ideólogos y activistas cuyo lenguaje empuja los límites del conservadurismo mainstream. Enrique “Henry” Tarrio, exlíder de los Proud Boys y originario de Miami, simboliza la militancia de grupos marginales que se entrecruzan con el trumpismo. Su encarcelamiento en 2021 y el posterior indulto concedido por Trump lo han convertido en una figura martirizada para segmentos del movimiento. Del mismo modo, Alfie Oakes, empresario agrícola del suroeste de Florida, ha financiado un activismo impregnado de teorías conspirativas y movilizado apoyo popular a las causas trumpistas. Randy Fine, elegido al Congreso en 2024, se ha distinguido por declaraciones incendiarias contra musulmanes, palestinos y comunidades LGBTQ+, lo que muestra cómo las corrientes radicales floridianas alimentan el discurso nacional.

De este mosaico emerge un espectro multinivel de activismo. A nivel institucional, figuras como Rubio, Wiles y Patel modelan el aparato gubernamental. En el plano intelectual, think tanks y emprendedores culturales como Rufo y los asociados de Thiel aportan la osamenta ideológica. A nivel de base, estrategas del partido y comisionados de condado construyen la infraestructura organizativa. Y en los márgenes más radicales, personalidades como Tarrio y Oakes mantienen una dimensión militante y escenográfica que le garantiza a Florida un puesto de vanguardia en las guerras culturales estadounidenses. Esta estructura estratificada demuestra la capacidad del Estado de funcionar no solo como unidad federada, sino también como microcosmos del movimiento conservador en su conjunto, capaz de unir la producción política de élite, la movilización de masas y la espectacularidad radical en un único ecosistema coherente.[14]

Escenarios futuros

La consolidación de Florida como hub ideológico y organizativo del Partido Republicano plantea interrogantes cruciales sobre su trayectoria en los próximos años. Desde una perspectiva geopolítica, la influencia del Estado se extiende mucho más allá de sus fronteras, moldeando no solo el futuro del conservadurismo estadounidense, sino también el papel de Estados Unidos en un mundo cada vez más multipolar.

Un primer escenario es el de la consolidación, en el que lo que podría denominarse “Doctrina Florida” se convierte en un modelo de gobierno nacional. En esta trayectoria, la combinación de beligerancia cultural, nacionalismo económico cimentado en aranceles y experimentación tecno-libertaria migra de Tallahassee y Miami a Washington, enraizándose en las instituciones federales. En tal contexto, los laboratorios conservadores floridianos — desde las reformas educativas hasta las políticas de aplicación dura de las leyes migratorias, pasando por la postura agresiva contra las inversiones ESG — se convierten en un elemento estándar del policy-making estadounidense, confirmando a Florida como la nueva California de la derecha.[15]

Un segundo escenario, más conflictivo, es el de la fractura federal. Los experimentos radicales de Florida en materia de gobernanza pueden chocar con los límites constitucionales e institucionales, lo que algunos académicos definen como un constitutional clash entre poderes federales y prerrogativas estatales. Estos experimentos podrían suscitar la reacción de la judicatura, con la Corte Suprema llamada a pronunciarse, por ejemplo, conforme a la doctrina de las major questions. En tal escenario, el modelo radical de Florida se convertiría en el foco de una crisis legal capaz de poner a prueba la resiliencia del federalismo estadounidense.[16]

Un tercer escenario es el del shock geopolítico. Si una crisis externa — en el Mar de la China Meridional, en Oriente Medio o en América Latina — requiriera una intervención militar prolongada de Estados Unidos, el nacionalismo introspectivo floridiano debería conciliarse con las exigencias globales de la potencia estadounidense. El liderazgo de Rubio en el Departamento de Estado ya indica una postura más asertiva en el hemisferio occidental, pero un enfrentamiento directo con China o con Irán podría exponer tensiones entre el proteccionismo populista y los compromisos internacionales tradicionales. En este escenario, la influencia de Florida seguiría siendo fuerte, pero se vería atenuada por las urgencias de la competencia entre grandes potencias.[17]

Finalmente, un cuarto escenario prevé la institucionalización. En este caso, el ecosistema intelectual floridiano maduraría hasta convertirse en un establishment conservador permanente. Universidades, think tanks y redes de donantes radicados en Florida podrían consolidarse como centros duraderos de producción ideológica, formando generaciones sucesivas de élites republicanas incluso más allá de la parábola política de Trump. Tal desenlace garantizaría a Florida un estatus de largo plazo, no solo como bastión político, sino también como fragua intelectual de la derecha estadounidense.[18]

Tomados en conjunto, estos escenarios sugieren que el ascenso de Florida supone mucho más que un desplazamiento político temporal. El Estado se ha convertido en crisol simbólico del poder conservador, exportador de políticas y narrativas, banco de pruebas de la fusión entre populismo, tecno-libertarismo y soberanía cultural. Líderes e instituciones han posicionado a Florida como eje central de la renovación republicana, capaz de proyectar influencia en los ámbitos domésticos, hemisféricos y globales.

En conclusión, Florida encarna hoy las ambiciones y contradicciones del conservadurismo estadounidense contemporáneo. Es a la vez lugar de rebelión populista y de coordinación elitista, de guerra cultural radical y de producción política disciplinada, de proteccionismo nacionalista introvertido y de proyección hemisférica extrovertida. Así como California definió en su día el imaginario progresista de Estados Unidos, Florida define ahora el contra-imaginario conservador, remodelando el equilibrio ideológico de la república. Incluso si Trump llegara, en el futuro, a retirarse de la escena política, el edificio intelectual y organizativo construido en Florida asegura que su movimiento sobrevivirá. Florida ya no es solo el escenario de una presidencia; es el centro de mando geopolítico de una revolución conservadora destinada a proyectar sus consecuencias mucho más allá de 2028.

Notas

  1. Pérez Jr., Louis A. Cuba and the United States: Ties of Singular Intimacy. Athens: University of Georgia Press, 2019.
  2. White House. “Second Trump Administration Appointments.” Federal Register, July–August 2025. Véase también Politico, “Rubio to Assume National Security Advisor Role,” May 2025.
  3. Smiley, David. “Miami Wants to Be the Crypto Capital. Can It Survive the Crash?” Miami Herald, June 2022.
  4. Chafkin, Max. The Contrarian: Peter Thiel and Silicon Valley’s Pursuit of Power. New York: Penguin Press, 2021.
  5. State of Florida. Individual Freedom Act (“Stop WOKE Act”). Florida Statutes, Chapter 760, 2022. Véase también White House, “Executive Order on Federal Education Standards,” April 2025.
  6. Urbinati, Nadia. Me the People: How Populism Transforms Democracy. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2019, 122–135.
  7. Gamarra, Eduardo A. “Latino Political Realignment in South Florida: Beyond the Cuban Model.” Latin American Politics and Society 64, no. 2 (2022): 45–67.
  8. White House. “Nomination of Marco Rubio as Secretary of State.” Federal Register, January 2025. Véase también Politico, “Rubio Takes Interim National Security Role,” May 2025.
  9. Portes, Alejandro, and Alex Stepick. City on the Edge: The Transformation of Miami. Berkeley: University of California Press, 1993. Véase también El Nuevo Herald, secciones de opinión, 2024–2025.
  10. Hazony, Yoram. Conservatism: A Rediscovery. Washington, DC: Regnery Gateway, 2022. Véase también Continetti, Matthew. The Right: The Hundred-Year War for American Conservatism. New York: Basic Books, 2022.
  11. Politico, “Trump’s Second Cabinet Is Heavy with Floridians,” July 2025. Véase también Wall Street Journal, “Florida Becomes GOP’s Intellectual Hub,” August 2025.
  12. Haberman, Maggie. “Trump’s Media Team Builds a Parallel News Ecosystem from Miami.” New York Times, April 2025.
  13. Washington Post, “Florida Republicans Cement State as GOP Stronghold,” January 2025.
  14. Mudde, Cas. The Far Right Today. Cambridge: Polity Press, 2019.
  15. White House. “Executive Order on Reciprocal Tariff Adjustments,” August 2025. Véase también Wall Street Journal, “Florida’s Economic Nationalism Goes Federal,” September 2025.
  16. Washington Post, “Supreme Court Weighs Trump Tariff Powers under Major Questions Doctrine,” July 2025.
  17. Anton, Michael. “Emergency Politics and the Conservative State.” Claremont Review of Books, Spring 2025.
  18. Continetti, Matthew. The Right: The Hundred-Year War for American Conservatism. New York: Basic Books, 2022.

Bibliografía

Fuentes primarias y documentos oficiales

  • Federal RegisterExecutive Orders of the Trump Administration, 2025. Washington, DC: Government Publishing Office, 2025.
  • White House. Executive Order on Protecting the American People Against Invasion. January 20, 2025.
  • White House. Executive Order on Reciprocal Tariff Adjustments. August 11, 2025.
  • White House. Second Trump Administration Appointments and Nominations. July–August 2025.
  • State of Florida. Individual Freedom Act (“Stop WOKE Act”). Florida Statutes, Chapter 760, 2022.

Libros y monografías

  • Anton, Michael. The Stakes: America at the Point of No Return. Washington, DC: Regnery, 2020.
  • Anton, Michael. “Emergency Politics and the Conservative State.” Claremont Review of Books, Spring 2025.
  • Chafkin, Max. The Contrarian: Peter Thiel and Silicon Valley’s Pursuit of Power. New York: Penguin Press, 2021.
  • Continetti, Matthew. The Right: The Hundred-Year War for American Conservatism. New York: Basic Books, 2022.
  • Hazony, Yoram. Conservatism: A Rediscovery. Washington, DC: Regnery Gateway, 2022.
  • Mudde, Cas. The Far Right Today. Cambridge: Polity Press, 2019.
  • Pérez Jr., Louis A. Cuba and the United States: Ties of Singular Intimacy. Athens: University of Georgia Press, 2019.
  • Portes, Alejandro, and Alex Stepick. City on the Edge: The Transformation of Miami. Berkeley: University of California Press, 1993.
  • Urbinati, Nadia. Me the People: How Populism Transforms Democracy. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2019.

Artículos académicos e informes

  • Gamarra, Eduardo A. “Latino Political Realignment in South Florida: Beyond the Cuban Model.” Latin American Politics and Society 64, no. 2 (2022): 45–67.
  • Holland & Knight. “Trump’s 2025 Executive Orders: A Comprehensive Guide.” Policy Brief, April 2025.
  • Intereconomics. “Trump’s 2025 Tariff Threats and the Global Economy.” Intereconomics 59, no. 4 (2024): 211–220.

Prensa y comentarios

  • Associated Press. “Chicago Mayor Defies Trump’s Immigration Crackdown Plan for the City.” August 30, 2025.
  • Associated Press. “DHS Secretary Noem Confirms More ICE Resources Heading to Chicago.” August 31, 2025.
  • Haberman, Maggie. “Trump’s Media Team Builds a Parallel News Ecosystem from Miami.” New York Times, April 2025.
  • Smiley, David. “Miami Wants to Be the Crypto Capital. Can It Survive the Crash?” Miami Herald, June 2022.
  • New York Post. “Chicago Mayor Orders Police Not to Cooperate with Federal Troops or Agents.” August 30, 2025.
  • Politico. “Rubio to Assume National Security Advisor Role.” May 2025.
  • Politico. “Trump’s Second Cabinet Is Heavy with Floridians.” July 2025.
  • Wall Street Journal. “Florida Becomes GOP’s Intellectual Hub.” August 2025.
  • Wall Street Journal. “Florida’s Economic Nationalism Goes Federal.” September 2025.
  • Washington Post. “Florida Republicans Cement State as GOP Stronghold.” January 2025.
  • Washington Post. “Supreme Court Weighs Trump Tariff Powers under Major Questions Doctrine.” July 2025.

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