La última batalla del castrocomunismo
Read in English
Donald J. Trump ha elevado el cambio de régimen en Cuba a la categoría de piedra angular de la política regional de Estados Unidos, calificándolo de esencial para la seguridad nacional. Documentos públicos, incluida una orden ejecutiva del 29 de enero de 2026, declaran que las alianzas de Cuba con Rusia, China, Irán y grupos como Hamás y Hezbolá constituyen una «amenaza inusual y extraordinaria» para los intereses de Estados Unidos. Esta orden invoca poderes de emergencia para imponer aranceles a las naciones que suministran petróleo a La Habana, con el objetivo de privar al régimen de recursos y forzar una transición política antes de que termine el año.
La retórica de Trump ha sido directa e inflexible. El secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, se hizo eco de esto durante su testimonio en el Senado, afirmando que el cambio de régimen es una condición previa para levantar el embargo en virtud de la Ley Helms-Burton. Rubio ha dicho abiertamente que a la Administración le «encantaría» ver un cambio de régimen, insinuando una intensificación de la presión tras la destitución de Maduro en Venezuela, que cortó el suministro de petróleo subvencionado a Cuba. Otros funcionarios, como el senador Lindsey Graham, predicen la caída de la dictadura, argumentando que el aislamiento económico consolidará el legado de Trump.
Estas declaraciones pintan un panorama de negociaciones activas para poner fin a 67 años de régimen comunista, con funcionarios estadounidenses que afirman mantener conversaciones secretas con personas influyentes en Cuba dispuestas a «derrocar al régimen». Sin embargo, las principales figuras cubanas niegan rotundamente que exista tal diálogo. El dictador cubano Miguel Díaz-Canel, elegido a dedo, ha afirmado en repetidas ocasiones que no hay conversaciones en curso, insistiendo en que las relaciones deben avanzar «basadas en el derecho internacional y no en la hostilidad, las amenazas y la coacción económica». El 5 de febrero de 2026, Díaz-Canel apareció en una «rueda de prensa» pregrabada y muy editada, emitida por los medios de comunicación estatales, vestido de negro de pies a cabeza, como si estuviera de luto, mientras culpaba a Estados Unidos de un «bloqueo energético».
El atuendo absurdamente teatral, junto con el reloj visible en la muñeca de la moderadora Arleen Rodríguez Derivet, que demostraba que no se trataba de una retransmisión en directo, convirtió el evento en un truco propagandístico ampliamente ridiculizado, en lugar de un intercambio serio. El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, no se quedó atrás en lo que respecta a los intentos inútiles de ocultar la verdad. El maestro espía comunista reconoció las «comunicaciones», pero aclaró que no se trata de negociaciones formales, rechazando cualquier discusión sobre cambios políticos internos. El primer ministro Manuel Marrero ha rechazado de manera similar las propuestas de Estados Unidos, advirtiendo de «tiempos difíciles por delante», pero prometiendo resistencia.
Los líderes comunistas cubanos redoblan su desafío, ignorando las advertencias de Trump. Díaz-Canel calificó los aranceles sobre el petróleo de «fascistas, criminales y genocidas», acusando a Estados Unidos de asfixiar la economía para su propio beneficio. Cossío y Marrero se han hecho eco de esto, calificando las acciones de Estados Unidos de injerencia y afirmando la «soberanía» de Cuba, algo absurdo teniendo en cuenta la sumisión del comunismo cubano a las potencias extranjeras, las alianzas y la planificación geopolítica del Estado. En sus discursos, Díaz-Canel invocó «patria o muerte», lo que indica que no se rendirá. Esta bravuconería enmascara la desesperación, ya que los funcionarios se preparan para un «período especial» que recuerda al colapso postsoviético de la década de 1990.
Los planes incluyen dar prioridad al uso estatal de combustible, recortar el gasto energético y redistribuir los escasos recursos. Se ha ordenado a las provincias que alcancen la autosuficiencia mediante la producción local, una idea que roza lo delirante dada la economía centralizada de Cuba y la falta de recursos. ¿Que cada región se mantenga a sí misma con su producción? Eso no es una estrategia, es una locura ignorar la economía básica y la dependencia de las importaciones de la isla. La escasez de alimentos, medicinas y combustible ya es generalizada, con apagones diarios que se prolongan hasta 20 horas. El escepticismo de los expertos es abundante. La coacción económica por sí sola no ha derrocado al régimen en seis décadas, pero el comunismo castrista siempre ha encontrado alguien con mucho dinero para subvencionarlo. Ahora, sin aliados que lo rescaten, el colapso parece inminente.
La postura militar de Estados Unidos subraya la presión. El USS Stockdale, un destructor lanzamisiles de la clase Arleigh Burke, ha sido avistado operando cerca de las aguas cubanas como parte de la Operación Southern Spear en el Caribe. Desplegados junto con el USCGC Stone y el Diligence en la bahía de Puerto Príncipe, en Haití, a poco más de 48 millas de Cuba, estos buques muestran su preparación en medio de la inestabilidad regional. Los informes de los rastreadores de vuelos muestran que los drones MQ-4C Triton de Estados Unidos realizan misiones de vigilancia persistentes sobre las costas de La Habana, rozando las aguas internacionales, pero lo suficientemente cerca como para controlar las actividades. Estos vuelos, paralelos a la costa norte de este a oeste, se alinean con los esfuerzos por rastrear posibles envíos de petróleo que eluden las sanciones. Aunque no «sobrevuelan directamente La Habana», su proximidad —a menos de 248 millas de lugares clave— aumenta las tensiones y evoca ecos de la Guerra Fría.
Los críticos denuncian el coste humanitario de la estrategia: la intensificación de las sanciones podría agravar la escasez, provocando crisis migratorias y sufrimiento para los cubanos de a pie. Sin embargo, los funcionarios de Trump, los exiliados cubanos y las fuerzas de la oposición dentro de la isla sostienen que atacar los ingresos del régimen es el camino hacia la democracia, y algunos reconocen que hay que sufrir a corto plazo para obtener beneficios a largo plazo. Para mejorar la situación, entre el 3 de enero y el 6 de febrero, Estados Unidos ha enviado tres vuelos humanitarios confirmados a Cuba en colaboración con la Iglesia católica como lugar de entrega y no con el gobierno dictatorial. Mientras la economía de Cuba se tambalea —las reservas de petróleo se han reducido a 15-20 días, el turismo se ha reducido a la mitad desde 2019 y la producción de electricidad es un 25 % inferior a los niveles previos a la pandemia—, los desafiantes planes del régimen parecen una negación. Con las fuerzas estadounidenses rodeando el país y el cerco económico cada vez más estrecho, la era comunista de 67 años podría estar llegando a su fin, no por una invasión, sino por una presión inexorable.
© Patria de Martí. Todos los derechos reservados.
🖋️Autor Julio M. Shiling
Julio M. Shiling es politólogo, escritor, conferenciante, comentarista y director de los foros políticos y las publicaciones digitales, Patria de Martí y The CubanAmerican Voice y columnista. Tiene una Maestría en Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) de Miami, Florida. Es miembro de The American Political Science Association (“La Asociación Estadounidense de Ciencias Políticas”), el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio y la Academia de Historia de Cuba en el Exilio.
TOMADO DE https://patriademarti.com/pwa.html
Comentarios
Publicar un comentario