Con el castrismo no bastan los paños tibios.
Escrito por Jeovany Jimenez Vega
La referencia de Marco Rubio al tema Cuba durante su entrevista a Bloomberg el pasado 14 de febrero ha levantado justificados recelos. La velada idea de que la solución de la crisis cubana actual pasa ¡¿únicamente?! por una apertura económica del régimen fue recibida con enconada ojeriza y escepticismo por la mayoría de los cubanos, entre los que me cuento, así como por cuanto analista se considere medianamente informado sobre la suerte corrida por anteriores «reformas». Debería bastar con las lecciones de la Historia propia y ajena, llena de elocuentes ejemplos que demuestran con creces como siempre fue la libertad política, con su inherente flujo de garantías y oportunidades reales, la condición sine qua non que abrió las puertas a la prosperidad económica luego traducida en cuotas de riqueza y autonomía personal.
Como botones de muestra quedaron la abismales diferencias entre las dos Alemanias, extensible a las dos Europas, durante la Guerra fría, o el infranqueable abismo que aún separa a las dos Coreas. Ejemplos elocuentes, más no los únicos, aunque en otros casos el tiempo difuminó las líneas donde eruditos trasnochados aún intentan validar aperturas a medias, compatibilizando modelos unipartidistas con mercados libres y otros espejismos, pero los casos chino y vietnamita no hacen más que confirmar la tesis porque en ambos sistemas la realidad a nivel de calle desmonta cualquier defensa al comprobarse males endémicos inherentes a estas quimeras con sus perennes arbitrariedades y favoritismos y su amplia gama de privilegios condicionados por lealtades ideológicas que mantienen la retranca al progreso individual y social.
En el caso de la Cuba postrevolucionaria se pueden citar dos momentos bien definidos que ilustran como las decisiones políticas siempre condicionaron la deriva económica y nunca viceversa. El primer momento acaeció durante la primera mitad de los años 80´; fue la época dorada de los Mercados Libres Campesinos, aquellos agromercados de oferta/demanda que oxigenaron la economía y durante unos años estabilizaron una deslumbrante variedad de productos frescos a precios razonables, oxígeno que duró hasta que Fidel Castro temió que el ganado se saliera del corral y olfateando ya el aroma a Perestroika y Glasnost cayó en pánico e hizo lo que mejor sabía hacer, cagarlo todo, entonces satanizó al guajiro, de un plumazo cerró aquellos mercados y lanzó su desastroso Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas que nos puso otra vez a comer tierra.
El segundo momento de relativa «distensión» lo tuvimos en la década siguiente ya en pleno «Período especial». Al verse con el agua al cuello Fidel Castro se abrió a regañadientes a la pequeña empresa privada -Trabajo por Cuenta Propia lo bautizó para no llamarle por su nombre. Entonces y juró y perjuró que aquello no era una decisión coyuntural, que había llegado para quedarse, pero la promesa caducó en cuanto la marea negra de petróleo chavista asomó en el horizonte; entonces recogió otra vez la soga, dejó de expedir nuevas licencias y se emitieron reglas y exigencias cada vez más restrictivas y absurdas hasta que ser «cuentapropista» se convirtió en una aventura surrealista impracticable.
Dos memorables timonazos, más no los únicos que el castrismo se sacó de la chistera. Recordemos también que en 2014 eliminó la prohibición de salir del país a ciudadanos cubanos -incluidos los profesionales de la Salud Pública- pero una vez llegado el predecible éxodo, volvió a cerrar las puertas a finales de 2015 y desde 2023 todo médico que entre a Cuba, aún con todos sus papeles en orden, corre un alto riesgo de ser indefinidamente retenido; recordemos cuántas veces se flexibilizaron temporalmente las restricciones de importación en las aduanas sólo para volver a arreciarlas ad libitum; cuantas veces se ofrecieron falsas garantías a inversionistas extranjeros ingenuos que más tarde vieron su capital evaporado; como en 1993 se despenalizó la tenencia de dólares sólo para volver a perseguir el libre cambio en 2025; recordemos la pretendida -y cien veces postpuesta- unificación monetaria de 2020, con la cual se eliminaría la dualidad cambiaria, sólo para girar sobre sus pasos en 2024 y regresar sobre un absurdo aún mayor -ahora no con dos ¡sino con tres monedas corrientes!- o la pretendida eliminación de las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) sólo para poco después recular tranquilamente y volver a instituirlas -rebautizadas como Tiendas en Moneda Libremente convertible (MLC)- alrededor de 2020. En fin, un interminable estira y encoge que anula cualquier intento de mantenerle a estas ratas una pizca de fe, una absoluta carencia de escrúpulos que se debe tener muy en cuenta durante cualquier tipo de presente o futura «negociación».
Por esto cuando escuchamos la palabra «apertura» en boca de Marco Rubio sólo esperamos que tenga la absoluta certeza de que no puede esperar nada serio de semejante gentuza, de que esta lacra es un obstáculo insalvable para la democracia en Cuba por lo cual se le debe ofrecer como única alternativa la salida incondicional del poder y del país. Aquí no bastan los paños tibios. Con todo respeto al bienintencionado Secretario de Estado seré brutalmente honesto: esperar a estas alturas cualquier tipo de «reforma» real del castrismo sería un acto de ingenuidad propia de imbéciles. Comprensible que te timen una vez, incluso 10 veces, no digamos ya cien, pero sin duda llegará esa inevitable última vez en que dices ¡basta!, ese momento en que ya han barrido todo el espectro de mentiras y se ha colmado tu paciencia; pues ese momento llegó hace mucho tiempo para el pueblo cubano. Traducido a términos marxistas, para que lo entiendan mejor los de La Habana: entre la dictadura y el pueblo cubano se han establecido contradicciones antagónicas, o sea aquellas que exigen para su solución dialéctica que deje de existir una de las partes.
Sr. Rubio, Sr. Trump: Estamos ante un clan de miserables irreductibles que en su indolencia sienten un desprecio infinito por mi pueblo, ante arrogantes sin bandera, sin palabra ni principios, cuyo único talento ha sido reprimir al pueblo y boicotear el futuro de mi patria. Si estos irremediables canallas no son apartados definitivamente del camino se agazaparían, simularían retiradas, fingirían replegarse a la sobra pero sólo para enquistarse hasta que las condiciones les vuelvan a ser propicias, entonces reemergerían de las cloacas y corromperían todo cuanto de bueno se haya logrado, por eso la meta prioritaria debe ser sacarlos del poder y del país como único modo de hacer irreversible la democracia cubana. ¡A esta mafia ni un tantito así! Nada de concesiones, no es momento de vacilar, es la hora decisiva de hundir la estocada definitiva en el corazón de la hidra. ¡Patria y vida! La libertad de Cuba es ahora o nunca.
TOMADO DE Con el castrismo no bastan los paños tibios. | CIUDADANO CERO

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