El castrismo no tiene absolutamente nada que ofrecer.

 

La mediocre comparecencia del Díaz-Canalla el pasado 5 de febrero demostró que el castrismo no tiene absolutamente nada que ofrecer al pueblo cubano. Aquel tipo gris evidentemente sobrepasado por las circunstancias sólo divagó en la agotada retórica de siempre y repitió el mismo rosario de consignas rotas exigiendo por enésima vez nuevos sacrificios a un pueblo exhausto que lo deprecia por encima de todo. Fue alucinante comprobar cuan insalvable es la desconexión de la realidad mostrada por este despreciable que no se inscribirá en la Historia sólo como el tonto útil del castrismo, sino como el miserable que lanzó a las hordas represivas sobre todo un pueblo inerme aquel 11J para perpetuar a una oligarquía mafiosa en el poder.

Sin embargo algo ha cambiado y el régimen que antes rugió en cada tribuna -siempre al amparo del oso siberiano y la promesa de apoyo militar si las cosas se ponían feas- ahora ve con resignación como van y vienen amenazantes siluetas a la vista de su horizonte como onerosa advertencia de que hoy soplan otros vientos. Los pendejos que ayer lanzaron cazas de combate sobre avionetas indefensas hoy soportan estoicamente, con el rabo entre las patas, que aviones de reconocimiento estadounidenses peinen su espacio aéreo sin atreverse a disparar un copillazo. Entonces pasan las horas, luego los días y comprobamos con gozo como La Habana no ha emitido ni una triste nota de prensa, ni una tibia condena, nada que destaque esa clara humillación, porque al hacerlo reconocerían tácitamente su debilidad, evidenciando que Trump se la metió doblada y que hoy el ejército de la dictadura no cuenta con ninguna capacidad de respuesta exitosa frente a la potencia ofensiva de la contraparte.

Para entender este silencio de la cúpula castrista se debe calibrar en su exacta dimensión la ruina absoluta que hace años paraliza al país, una ruina estructural y no originada por ningún embargo externo, sino por el derroche general perpetuado durante décadas por un engranaje improductivo cuya ineficiencia nos condujo finalmente al abismo, así como a la insondable corrupción de una cúpula de privilegiados que nunca rindió cuentas y ha robado a manos llenas decenas si no cientos de miles de millones de dólares mediante modus siempre opacos solapados como secreto de Estado. Pues al final tanto robo pasó factura y el sistema implosionó, la ruina se extendió también a los medios físicos de combate que hoy muestran una bochornosa obsolescencia y ahora el castrismo lo pagará bien caro.

A esta mafia le llegó su hora y delante tienen a un Donald Trump irreductible junto a un Marco Rubio sentimentalmente comprometido con la libertad del pueblo cubano. ¡Menudo problema para los de Punto Cero! Ahora los sátrapas llegan a la mesa de «negociaciones» con los testículos por amígdalas, más débiles que nunca sin ninguna carta de triunfo y quiero imaginármelo así: en esa mesa alguien le entrega a Alejandro Castro una fina carpeta con un par de pliegos; la primera hoja detalla, una por una, todas las cuentas y los montos exactos donde el hampa cubana esconde sus millones, y en la segunda consta un inventario completo de las piezas de museo con que el ejército cubano pretende defender «gloriosamente el suelo patrio», la localización de cada instalación, de cada búnker, todo bien milimetrado. En medio de un silencio espeso el delfín confirma lívido la veracidad de los datos y entonces se pasa al segundo y último punto de la reunión que podría resumirse en muy pocas palabras: se le ofrecen sólo dos escenarios posibles; en uno sale vivo y en el otro sale muerto, ¡pero siempre sale del juego! Ahí eliges… le diría el funcionario que ipso facto se retira sin esperar respuesta, dejando al cabrón que dirigió la represión del 11J mudo y cagado de miedo. Tal vez suene demasiado cinematográfico, pero palabras más, palabras menos, con algo por el estilo me daría por satisfecho.

Alejandro y su clan saben que llevan todas las de perder, que tienen delante a un Trump impredecible que no se anda con chiquitas. Cuando este loco decidió detener el programa nuclear iraní le bastó chasquear los dedos para que un B-2 pulverizara aquel bunker de un solo bombazo; luego se giró a Venezuela, le envió UberDelta a Maduro y ahí lo tiene esperando juicio en Brooklyn; después le bastó un guiño para que la Sheinbaum también cortara sus envíos con lo cual dejó al régimen tiritando frente a un inminente peligro existencial. Sin duda el tuerto comprendió el mensaje alto y claro. Bien sabe que la situación hacia adentro es insostenible, con la caja en cero, sin dinero líquido, sin posibilidad alguna de préstamos o fuentes de financiación inmediata, sin ningún socio comercial dispuesto a pagar la fiesta y con el grifo del petróleo seco, pues apaga y vamos.

Nunca en 67 años el castrismo se vio en una encrucijada semejante. El Castro al mando ya sabe, por activa y por pasiva, que Putin esta vez no se la juega y que Xi Jinping ya no le apuesta un yuan, que esta vez nadie llegará al rescate; sabe que lo de «período coyuntural» fue un chiste de mal gusto pues lo nuestro hace muchos años que supera cualquier concepto de crisis, que en realidad padecemos una falla estructural perpetua, generalizada e irreversible, con una economía en parada cardiaca sin posibilidad de RCP; también sabe que aquello de millones de cubanos empuñando las armas para morir por sus verdugos es una milonga que ninguno de ellos se cree y al final del día se saben ante un escollo insalvable: los tres años restantes de la administración Trump que descartan la muela y el desgaste de los tiempos de Obama como opción viable, con todo lo cual le va quedando sólo una salida práctica, la que sin duda elegirán como los cobardes que son: la huida, esa copa amarga que hoy les sirven y deben elegir si tomarla a la roca o a lo Fuerte Tiuna. No hay de otra, o al menos eso espero.

Para bien de millones de cubanos esto parece listo para sentencia pero ¡mucho ojo!, aún así debemos pisar con pies de gato, ser muy cautos y no cometer el imperdonable error de pretender vender la piel antes de cazar al oso. Que nadie subestime la camaleónica capacidad de simulación de estos mafiosos, o mejor dicho en términos beisboleros para que ambas partes lo entendamos: señores, este juego no se acaba hasta que se acaba, aquí no hay nada seguro hasta el out 27 y hasta el sol de hoy sólo tenemos fe en que algo serio se cuece, mucha esperanza y la cabeza llena de sueños, pero hasta el momento nada en firme.

Nunca estará de más alertar a quien se siente en esa mesa que no debe tener otra cosa en mente que descabezar para siempre a la serpiente, y para ello se debe exigir la incondicional salida de Cuba de toda la familia Castro y las más altas figuras de su cúpula de adeptos, la remoción inmediata de toda la cadena de mando de tropas y la inmediata desarticulación del aparato represivo de la dictadura, la rápida formación de una junta de transición donde no conste ninguna figura del oficialismo actual en la primera línea decisora y una ruta clara que se respete a pie juntillas donde se convoque a elecciones libres y supervisadas en algún momento de 2026 que elijan un legítimo gobierno de transición que sentaría las condiciones iniciales para promulgar una nueva Constitución ajustada a la realidad y necesidades de la Cuba de 2026, y luego convoque en 2 años elecciones reales donde se elija un Gobierno definitivo. Sólo así germinará en Cuba una democracia que garantice una paz social real y duradera.

Quien omita alguno de estos pasos -detalle más, detalle menos, pero en definitiva algo análogo- estará arriesgando la más clara oportunidad que hemos tenido en 67 años de ser finalmente libres. Valdrá la pena haber negociado si con ello se evitan muertes inútiles y siempre y cuando al final del camino nos espere una Cuba libre donde quepamos en paz todos los cubanos

TOMADO DE El castrismo no tiene absolutamente nada que ofrecer. | CIUDADANO CERO

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