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CALLATE, POR FAVOR

 Por Merce Roura





¿No la oyes? La vida te habla… Tú te hablas.

Te pide que pares y te notes y te revises las costuras por si están flojas o andan deshilachadas…

Te pide que te sientes y te tomes ese café postergado y mires los dibujos caprichosos de las baldosas que cuando eras niña te ayudaban a inventar historias…

Calla ahora y deja que el silencio te cubra y te notes los latidos para que sepas que estás vivo todavía.

La vida te llama y necesita que la escuches sentado y tomes nota, que te hagas ya una lista de aquello que de verdad te apetece y tienes ganas de hacer… Aquello que harías en último día de tu vida sin tener la sensación de que los minutos se te escapan o desperdicias las horas.

La vida te reclama tiempo con las personas a las que amas… Te dice que dejes de mirar de reojo y vayas de frente y no te escaquees más de esa tarde sin rumbo ni horario, de ese paseo sin itinerario, de esa charla sin más propósito que hilar palabras y descubrir, escuchar y notar que te escuchan. Esos minutos de frases sin rumbo que seguro que llevan a un lugar mágico y necesario… La vida te pide que te calles para que dejes de dar vueltas a los pensamientos de siempre y encuentres tu voz perdida en el silencio. 

La vida te grita cuando te gritas para que te quedes un rato en silencio y pueda contarte que gastas demasiada energía pensando en qué pasará mañana y te robas los días contando tragedias y buscando lamentos antiguos y gastados… Te grita para que sepas que no te quieres suficiente como para contar contigo y dedicarte un minuto, una hora, un día a saber qué quieres y qué te quema por dentro… Para explicarte que vives en un ensayo general cuando el estreno ya pasó y eres incapaz de escribir tu guión para tomar las riendas… La vida te susurra que dejes de pelear contra gigantes y te dediques a ver cómo cae la lluvia y juegan los niños en el parque… Para que sepas que lo que importa de verdad no llena titulares de periódico sino miradas cómplices.

Calla, hasta que puedas escuchar como crecen los árboles y sepas que tú también creces.

Usas poco tu presente. Lo usas tan poco que el pasado se ha hecho en él un refugio y siempre lo empaña con historias tristes que deberían estar olvidadas y asumidas. Lo usas tan poco que el futuro se lo come en un abrir y cerrar de ojos y te engulle a ti mientras intentas arrancar una sonrisa o sentir que estás, aunque tu cabeza dé tantas vueltas que ya no recuerdes por qué. Acepta tu noche ahora y podrás dejar de ocultar tu día de las nubes más oscuras… Ama lo que te hace más vulnerable y ya nada podrá recortar tu risa ni tu esperanza… Y permite, permite que llegue la vida aunque asuste y lo empañe todo de incertidumbre y rareza, para llegar al otro lado siempre hay un punto en el que no se ve el fondo del mar que navegas y tienes que seguir remando, a pesar de todo y confiar…

Calla para que la vida te diga lo que necesitas porque entre tanto ruido es imposible que comprendas nada.

La vida te pide un vaivén para que te acuerdes de que la vida es un soplo. Te da un empujón para que caigas y es porque necesita que te detengas a mirar tu agenda llena de citas importantes donde has olvidado quedar contigo y decirte cuánto te buscas y cuánto te amas… Para que tengas que frenar y quedarte callado mirando como el sol se pone y te saca la lengua en una mueca sarcástica para que sepas cuánto le duele que no estés cuando te necesita para darte un regalo, mientras tu miras como se escapa y descubres que ha pasado otro día sin ti y te acuerdas de que en estos momentos hay magia, una magia que se te olvida presenciar…

La vida se va mientras buscas un calendario para poner orden o decides que vas a ponerte en serio a vivirla… 

Se va porque hace tanto tiempo que no la rondas y la cortejas que se enfada y busca a otro que la sueñe con más ganas… Se va mientras te resistes a cerrar heridas y comprender tu dolor. Mientras escapas del niño que eras para vestirte de adulto que todo lo sabe, todo lo quiere, todo lo necesita. Cuando ya no recuerdas lo feliz que fuiste con casi nada y ahora lo quieres todo y te sientes vacío.

A veces, hay que perder un poco de tiempo para ganar vida, ganar calma. Para calibrar dónde estás y a dónde vas, si resulta que el camino que sigues lo tomaste hace tiempo cuando eras otro y soñabas corto, en otra dirección o si tenías miedo a reconocer que soñabas distinto.

Calla para poder repasar tus pensamientos y decidir cuáles te hacen albergar esperanza. 

Las respuestas que buscas están en el trago largo de café, en la espera aguardando en la fila, en la puerta cerrada, en la lluvia inesperada que todo lo detiene y acumula.

La vida, al final, se mide por risas, por escalofríos que te atraviesan la espalda, por instantes de silencio tal rotundos que la soledad se mastica, por jadeos, por suspiros, por ráfagas de viento que abren ventanas, por tardes que se tuercen y te retuercen el alma, por noches sin sueño y mañanas largas, por rozaduras en las rodillas y lágrimas que surcan tu cara… Por todo lo que se escapa mientras miras a otro lado esperando que pase algo grande, que se abra el cielo, que alguien te salve y te lleve a otro lugar donde no sentirte absurdo y pequeño, donde ya no tengas que esperar nunca… Aunque la vida es la espera y lo que aprendes a hacer con ella… La paciencia de sentarse a mirar al mundo y ver que sangra pero que también es feliz, que llora pero que también ríe, que se hunde, pero que va a salir a flote siempre…

La vida es ese momento en el que te das permiso para ceder y decides que no vale la pena pelearte. Cuando te quitas la máscara y encuentras debajo al niño que fuiste llorando porque necesita un abrazo y le pides perdón por haber tardado tantos años en volver a él… Cuando descubres que no te gusta lo que sueñas y lo soñabas para ser “normal” o encajar en una película que parecía apasionante. Cuando te das permites caer y descubres que no pasa nada…

La vida es ese lapso de tiempo cuando te pierdes y recuperas tu esencia, cuando dejas de mirar el reloj y encuentras tu ritmo, cuando dejas de esperar a que venga alguien a salvarte y te encuentras contigo y sabes que estás en casa… La vida es ese pedazo de cielo que se refleja en tus ojos, en los cristales de la estación mientras el tren no llega, en los charcos de lluvia mientras finges buscar el paraguas cuando en realidad a quién has perdido es a ti…

Cállate, por favor. El silencio curará tu mente cansada de buscar respuesta siempre en los mismos pensamientos y hurgar en las mismas penas antiguas y gastadas. La vida te habla cuando te callas para que sepas que hay más de lo que ves y que, en realidad, no ves nada porque el ruido no te deja crear la realidad que necesitas…

Fuente: https://mercerou.wordpress.com/2018/01/09/calla-por-favor/


TOMADO DE Calla, por favor

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