POR Gustavo Pardo Valdes
Noticias cubitanow.com
Contexto socioeconómico de Cuba
En la Cuba castrista coexisten dos realidades socioeconómicas radicalmente distintas: la de la élite gobernante y la de la población general. Esta fractura es el resultado de la concentración del poder político y económico del país en manos en la cúpula directiva del Partido Comunista de Cuba (PCC), los altos mandos de las Fuerzas Armadas (FAR) y sus familias inmediatas. A diferencia de la población llana, este sector cuenta con acceso ininterrumpido a electricidad, servicios de salud de alta calidad, alimentos importados, vehículos modernos y residencias en zonas exclusivas.
Además, informes de investigación y publicaciones periodísticas han documentado de forma recurrente viajes de vacaciones de alto costo, estudios en el extranjero y la creación de sociedades offshore por parte de descendientes de la cúpula gobernante. En contraste, la gran mayoría de la población enfrenta una crisis multidimensional caracterizada por la escasez generalizada y el deterioro de la infraestructura básica.
A esto se suma la sistemática reducción de entregas de productos de primera necesidad en la mal nombrada Libreta de Abastecimientos, generando largas colas para la adquisición de alimentos, medicinas e insumos de higieneen donde se pueda encontrar.
Por si todo esto fuera poco, los hospitales y policlínicos enfrentan una marcada falta de medicamentos básicos, insumos médicos y de personal cualificado.
Posibles consecuencias socio-políticas y económicas
El contraste entre la opulencia de la élite y la miseria de la población no es solo un dilema ético, sino el principal factor de erosión de la legitimidad del régimen cubano. Ello nos hace especular sobre la posibilidad de que sectores del propio poder económico actual intenten reconvertirse en una oligarquía de mercado para preservar sus capitales en una futura etapa post-totalitaria.
Efectivamente, la posibilidad de que la élite económica cubana intente reconvertirse en una oligarquía de mercado en una etapa post-totalitaria no solo es alta, sino que responde a un patrón histórico probado en los procesos de transición política de regímenes comunistas hacia economías de capital.
En la ciencia política, este fenómeno se conoce como el "Efecto Piñata" o la transformación de la Nomenklatura en oligarquía empresarial.
A continuación se detallan los mecanismos que facilitarían esta dinámica, las lecciones históricas de otros países y los factores clave para evitar este escenario en Cuba.
ventaja estratégica de la élite actual
A diferencia de la población general, la cúpula militar y civil conectada con el conglomerado empresarial GAESA posee las herramientas estructurales para dominar una transición de mercado:
- GAESA y sus subsidiarias ya gestionan la infraestructura más lucrativa de la isla, tales como los sectores de los hoteles, marina, logística, remesas y tiendas en divisa. En una eventual privatización masiva, esta élite es la única con el conocimiento técnico de las operaciones para asumir el control formal de las empresas.
- A través de redes financieras offshore en jurisdicciones de baja tributación, la cúpula acumula capitales en moneda extranjera inaccesibles para el ciudadano promedio. Esto les otorga una capacidad de compra desproporcionada en subastas de privatización.
- La élite ya cuenta con alianzas comerciales consolidadas con multinacionales extranjeras (cadenas hoteleras, tabacaleras, constructoras). Estos socios internacionales preferirían negociar con interlocutores conocidos para proteger sus inversiones existentes.
- Tambien es importante destacar que ellos poseen los datos reales sobre la valoración de activos, pasivos y oportunidades de negocio, lo que les permitiría adquirir bienes públicos a precios artificialmente devaluados.
Las tres vías de reconversión ("Capitalismo de compadrazgo")
Si el proceso no cuenta con salvaguardas institucionales estrictas, la conversión podría concretarse a través de tres métodos:
- Efecto "Nomenklatura" (Modelo Ruso/Postsoviético): Los antiguos directores estatales o militares pasan a ser los propietarios legítimos o accionistas mayoritarios mediante la privatización de "vales" o subastas opacas. Las empresas de estado se convierten overnight en corporaciones privadas de los mismos dueños.
- Reconversión mediante la "Piñata" (Modelo Nicaragüense/Sandinista):
- Captura del Estado y "Cambio Fraude": Apoyo financiero opaco a nuevos partidos o candidatos en el marco de la apertura democrática para asegurar legislación favorable, amnistías patrimoniales y contratos públicos.
Salvaguardas para prevenir una oligarquía post-totalitaria
Para impedir que el monopolio estatal mute hacia un monopolio corporativo privado de las mismas familias, una transición requeriría la implementación de medidas específicas, tales como:
- Auditoría internacional y desmantelamiento de GAESA: Intervención y fiscalización independiente del entramado empresarial militar para transferir sus activos a un fondo transparente de reconstrucción nacional.
- Leyes de Lustración Económica e Inhabilitación: Restricción temporal para que altos mandos militares y exfuncionarios del régimen participen en compras de activos del Estado.
- Recuperación de activos en el exterior: Cooperación con organismos como la OFAC, Interpol y fiscalías internacionales para rastrear, congelar e incautar bienes procedentes de malversación o lavado de dinero.
- Subastas públicas transparentes: Proceso de privatización bajo supervisión multilateral (Banco Mundial, FMI) garantizando la participación de inversores transparentes y pequeños/medianos empresarios locales.
- Leyes antimonopolio y de transparencia financiera: Exigencia de revelar los beneficiarios finales (beneficial ownership) en todas las empresas privadas y prohibición del uso de sociedades opacas para contratar con el Estado.
Conclusión
La reconversión de la élite económica cubana en una oligarquía de mercado post-totalitaria representa uno de los mayores riesgos para el futuro de la isla. El control actual sobre los activos más lucrativos (a través del entramado de GAESA), la liquidez en divisas en el extranjero y las redes de información privilegiada otorgan a la cúpula militar y comercial una ventaja estructural abrumadora para autogestionar el paso de un monopolio estatal a un capitalismo de compadrazgo.
Si el cambio político no viene acompañado de instituciones independientes, auditorías internacionales rigurosas, leyes de transparencia y el desmantelamiento de las estructuras financieras opacas, Cuba corre el peligro de repetir la experiencia postsoviética o el modelo nicaragüense. En ese escenario, los mismos sectores que concentraron el poder político perpetuarían su dominio transformándose en una nueva élite corporativa privada, hipotecando la democratización real y la justicia socioeconómica por las que el pueblo cubano ha esperado durante décadas.