sábado, 12 de septiembre de 2026

Cuba en el abismo: Colapso económico, parálisis política e ineficiencia sistémica

POR Gustavo Pardo Valdes


La crisis que atraviesa Cuba no es el resultado de un tropiezo coyuntural ni de un simple mal manejo administrativo; representa el agotamiento definitivo de un modelo político y económico incapaz de reformarse a sí mismo. 

Mientras los organismos internacionales y economistas independientes proyectan para la isla las peores cifras de contracción económica de toda la región, la cúpula gobernante persiste en una parálisis doctrinaria que ahoga cualquier atisbo de productividad y condena a la población a un deterioro sistémico de sus condiciones de vida.

La gravedad del escenario actual se encuentra marcado por la parálisis energética, la inflación descontrolada, el desabastecimiento crónico de insumos básicos y el desplome de sectores clave como el turismo y la agricultura, la economía estatal ha perdido la capacidad mínima de sostener la vida cotidiana.

Debe enfatizarse que el rechazo a implementar reformas estructurales de propiedad mercado responde al temor del régimen de perder el monopolio del poder. Efectivamente, cada medida económica anunciada opera únicamente como un parche paliativo o una táctica de contención social, reaccionando tarde y mal ante una realidad que sobrepasa la retórica oficial.

Además, la gestión burocrática ha demostrado una ineficiencia persistente al priorizar inversiones improductivas tales como el desarrollo inmobiliario hotelero hoy semivacío, en lugar de atender la infraestructura crítica, la soberanía alimentaria o la generación de energía.

Comprender la coyuntura cubana actual exige analizar cómo la dogmática ideológica y la ineptitud institucional han transformado una crisis económica en una emergencia humanitaria y social, donde la ausencia de libertades políticas bloquea de forma sistemática cualquier vía real hacia el desarrollo y la modernización.

La resistencia de la cúpula gobernante en Cuba a implementar reformas estructurales de libre mercado no es un mero error de cálculo económico; responde a una estrategia calculada de preservación del poder.

El modelo totalitario cubano vincula de forma indisociable el monopolio del Estado sobre la economía con el monopolio del Partido Comunista sobre la vida política y social.

El temor a la autonomía ciudadana y el desmantelamiento del control social

En un sistema centralizado, el Estado actúa como el único empleador, proveedor de alimentos, vivienda y servicios básicos. Esta dependencia económica absoluta permite un control social total.

El libre mercado crea ciudadanos económicamente independientes que no dependen del salario o la libreta de abastecimiento estatal para subsistir. La autonomía financiera reduce el impacto de las sanciones administrativas o laborales que el régimen aplica históricamente para reprimir la disidencia.

La lección del colapso del bloque soviético (El síndrome de la Perestroika)

La élite cubana analizó las reformas aplicadas por Mijaíl Gorbachov en los años 80 (Perestroika y Glásnost) como el desencadenante directo de la caída de la Unión Soviética, análisis que considera que abrir el espacio económico sin haber blindado completamente el control social genera expectativas de libertad política difíciles de contener.

Aunque el régimen castrista reconoce el beneficio que puede aportar a la Isla la apertura económica bajo partido único de China o Vietnam, teme aplicar ese esquema por la proximidad geográfica y política con EE. UU. y el peso de la diáspora cubana en el exterior, dispuesta a inyectar capital de forma masiva e incontrolable para el Estado.

Es un hecho que el poder económico real en Cuba se concentra en conglomerados empresariales bajo control militar y de la cúpula gobernante (principalmente el Grupo de Administración Empresarial S.A., GAESA). Este organsmo controla el turismo, las remesas, las tiendas en moneda libremente convertible (MLC) y las importaciones clave. Ello implica que una apertura real con libre competencia, privatizaciones transparentes y eliminación del monopolio del comercio exterior destruiría las rentas extraordinarias que sostienen los privilegios y la red de fidelidades de la élite militar y política.

La trampa de la legitimidad ideológica

El discurso oficial del régimen ha fundamentado su legitimidad durante seis décadas en la negación del capitalismo, la defensa de la "propiedad socialista sobre los medios de producción" y la retórica de la justicia social.

Reconocer que la iniciativa privada y el libre mercado son la única vía para generar riqueza equivale a admitir el fracaso histórico del proyecto revolucionario. Cualquier paso hacia el mercado se presenta de forma vergonzante o coyuntural ("mecanismos no estatales"), evitando nombrar al capitalismo para no fracturar la narrativa doctrinal sobre la que justifican su permanencia en el poder.

Conclusión

Para la cúpula cubana, el libre mercado representa una amenaza existencial. La cúpula prefiere administrar la miseria mediante parches y un férreo control antes que arriesgar el monopolio del poder político permitiendo la libertad económica de la sociedad, razon por la cual no es una sorpresa que la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) confirman que Cuba encabeza la lista de países que pueden sufrir una severa contracción económica para 2026, caída del Producto Interno Bruto (PIB) estimada en -10,3%.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El rol de «El Cangrejo» ante una eventual transición en Cuba: ¿Poder político real o herencia dinástica?

 POR Gustavo Pardo Valdés Raúl Guillermo Rodríguez Castro , conocido popularmente como «El Cangrejo» (debido a que nació con un sexto dedo ...