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Cuatro reaprendizajes imprescindibles para seguir siendo

 por Virginia Cabrera Nocito

Un año da para mucho.

Son 365 días de preguntas, de rutinas, de silencios, de cansancios, de conversaciones, de esfuerzos, de disgustos, de sorpresas, de regalos… y de algún que otro susto.

Pero a mí, al cerrar el año, me gusta elegir fijarme en mis aprendizajes.

Este año lo hago en lo que creí haber aprendido y he entendido que tengo que reaprender.

Los comparto, porque me recuerdan quién elijo querer ser.

Animándote, al tiempo, a fijarte en los tuyos.

Quiero reaprender a Leer

Porque leer despacio es hoy un gesto casi subversivo.

Porque, cuando el impulso de pasar de una cosa a otra en cuanto puedo me ha calado hasta los huesos, concederle a una idea, a un relato, o a una descripción un tiempo sin distracciones es mi forma íntima de resistencia.

Leer despacio es dejar que una voz ajena se pose en mis neuronas y, si hay suerte, dialogue conmigo.  

No en pose cultureta, sino “pose intensa”.

Haciendo menos, pero más atenta.

Permitiendo que una frase me detenga y me haga levantar la vista para pensar en escenarios inexplorados, para reconocer que no la he entendido, para arrancarme una sonrisa o deslizarme una lágrima.

¿Cómo no desear querer hacerlo más?

Quiero reaprender a Escribir

Porque tratar de escribir mejor es una de las mejores maneras de pensar mejor que yo conozco.

Porque escribir es también tratar de sentir más y mejor.

Cuando me sucede a la vez mucho más de lo que puedo procesar, solo la escritura quita el tipo a la Marie Kondo ordenando mi batiburrillo mental. Cuando parte de lo que me pasa es más fugaz de lo que me gustaría, solo escribir deja un rastro al que poder volver.

Y cuando sientes que algo te bulle dentro, pero aún no sabes qué, escribir es la única magia que me funciona para entender eso que ni siquiera yo me quiero aún decir.

Créeme que una frase al día me es suficiente para ganar claridad.

¿Cómo no proponerme al menos dos?

Quiero reaprender a Parar

Porque si crees que decir que no a tus hijos, a tu pareja o a tu jefe es difícil, prueba decirte que no a ti mismo, y sabrás por fin lo que es la verdadera dificultad.

Porque lo natural es querer abarcar el cielo con las manos. Apurar la copa de un trago. No desear cerrar ninguna puerta.

Así es que tengo entre mis pendientes aprender a deslizar algún «no» en aquello que me gusta, a descansar sin dejar todos los hilos atados, a atar algo más corto a todo lo que me pide mi cuerpo.

Porque intuyo que es la única forma (aunque también la más contraintuitiva) de avanzar.

Ojo, que el aprendizaje del que te hablo no va de ir por la vida más lento. Aunque eso sea lo que se escuche a todas horas por ahí.

He entendido que es a la prisa, y no a la velocidad, a quien hay que mandar al destierro.  

Cada uno tiene sus ritmos. Nunca sale bien lo de bailar al son que toca otro, por muy de moda que esté.

Pero sí asumir que, lo genial, nunca surge del todo si danza por ahí en medio la ansiedad.

Quiero reaprender a Saborear

Dejar de jugar a la oca es quizás mi aprendizaje más deseado. Porque, a mi me encanta eso de saltar y tirar de nuevo porque me toca.

Así es que me invito a rememorar (sin nostalgia) placeres pasados, apurando bocados en mi lengua, redescubriendo sus matices más sutiles, resistiéndome a tragar.  

A releer esas cartas que fue un placer escribir. A volver a los temas que fueron una sufrida delicia estudiar. A volver a dialogar con lo y los que ya no están.

A actos de atención total y absoluta a la realidad.

A acariciar el lomo de aquellos libros que te dejaron huella y por qué no, a sacar tiempo para la ¿inútil? tarea de releerlos. A rescatar el olor de ese jersey imperfecto y picoso que con tanto cariño te hizo alguien que ya no te puede abrazar con suavidad. A sacar del trastero esos zapatos que tantos caminos hicieron y que ya pensabas que no te volverías a poner jamás.

Quizás el año que empieza no necesite tantas metas. 

Quizás baste con seguir reaprendiendo a leer(te), a reescribir(te), a parar(te) y a saborear(te). 

Brindo por eso: por la pausa consciente que abre puertas invisibles para quien no encuentra tiempo para parar, por las memorias injustamente arrinconadas que tanto nos anclan al otro y por las miradas ingenuas que aún esperan el asombro.

Y, claro, por las dudas sobre cuáles son los reaprendizajes que nos invitan a ser lo que queremos ser.

Fuente: https://balcon40.com/2026/01/02/cuatro-aprendizajes-para-seguir-siendo/

TOMADO DE Cuatro reaprendizajes imprescindibles para seguir siendo – Grandes Pymes

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