Cervecería Polar: la industria que el comunismo devastó
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La empresa también desarrolló iniciativas sociales y culturales como los Jardines de la Polar.
LA HABANA.- Desde las vías 51 y Polar, en La Habana, se accede a lo que antaño fue una de las fábricas de cerveza más importantes de Cuba: Polar. Fundada en 1911 en la zona de Puentes Grandes por el empresario Jesús Rodríguez Bautista e impulsada por la Compañía Cervecera Internacional S.A., la factoría se insertó en un entorno altamente industrializado cercano al río Almendares.
La creación de la cervecería, que llegó a emplear a más de 500 trabajadores gracias al notable desarrollo económico que alcanzó, respondió a la inversión de capitales nacionales y extranjeros, lo que permitió su rápida consolidación dentro del mercado cervecero. Aunque la iniciativa fundacional correspondió a Rodríguez Bautista, los empresarios catalanes Emeterio Zorrilla y Antonio Giraudier desempeñaron un papel clave en el desarrollo y expansión de la compañía; no solo lanzaron al mercado la cerveza Polar, sino también la malta Trimalta, con gran aceptación popular.
El 21 de agosto de 1916, la Polar fue registrada oficialmente, aunque su producción llevaba ya varios años en marcha y gozaba de reconocimiento entre los consumidores, consolidándose como una de las más consumidas en Cuba. Su estructura directiva reunió a figuras influyentes del ámbito económico y empresarial de la época, como Manuel Otaduy, José Marimón, Nicolás Sierra y Frank Steinhart.
La empresa también desarrolló iniciativas sociales y culturales como los Jardines de la Polar, que funcionaban como centros de ocio y como escenarios para la interacción social y la vida cultural de la capital. Estos espacios, inspirados en tendencias arquitectónicas modernistas, fueron construidos en las márgenes del río Almendares y se concibieron como un lugar de esparcimiento accesible para amplios sectores de la población.
Entre sus principales atractivos se encontraban los salones de baile y celebraciones como Trimalta, Criollo, Romano y Las Pérgolas. Destacaba, además, un espacio de estilo chino, concebido como un lugar para la veneración de ancestros, en el que se encontraba una figura de Buda que, con el paso del tiempo y el abandono, desapareció sin que hasta hoy se conozca su paradero.
Según muestra un póster de la época, en los Jardines de la Polar se encontraban la glorieta Trimalta, de estilo renacentista español; el patio andaluz; un rincón que evocaba al lejano Oriente con su puente de piedra y su glorieta oriental; y el salón Cúpula.
Tras 1959 y la expropiación de las empresas, muchos de los propietarios de la cervecería emigraron y, poco a poco, llegó el fin de la Polar. Debido a la falta de inversión sostenida, las instalaciones fueron perdiendo mantenimiento y quedaron progresivamente en estado de abandono. A partir de la década de 1990, el deterioro se hizo evidente y, ya en los años 2010, el acceso al público fue restringido debido al riesgo de derrumbe.
A ello se sumaron problemas técnicos en áreas claves como la antigua planta de hielo, donde los transformadores eléctricos se averiaron sin ser reemplazados por la Empresa Eléctrica. Según versiones de vecinos, estas instalaciones podrían ser transferidas a una micro, pequeña o mediana empresa privada (mipyme).
Los espacios recreativos asociados a la fábrica —los Jardines de la Polar— hoy se utilizan como un asentamiento informal donde muchas familias, la mayoría provenientes del oriente del país, han ocupado las estructuras abandonadas y han construido viviendas precarias sin acceso a servicios básicos. A pesar de las amenazas de desalojo, los habitantes han permanecido en el lugar, creándose así un barrio marginal que crece de manera desordenada.
Lo que alguna vez fue un espacio de belleza y encuentro social se ha transformado en un área degradada, con escombros y basura acumulados. Cualquier intento de restauración del área implicaría una gran inversión en infraestructura y la reubicación de los residentes en el asentamiento que allí se ha levantado.
La cervecería Polar y sus jardines, en su momento, fueron símbolo de modernidad y progreso industrial, pero hoy son un ejemplo de deterioro y falta de gestión efectiva, como muchas construcciones previas a 1959 que el régimen cubano tomó y luego abandonó
Biografía del autor:

Santiago de Cuba, 1994. Graduada de Licenciatura en Periodismo por la Universidad de La Habana. Colabora con Cubanet desde 2021 cubriendo temas de derechos humanos y presos políticos.Cubanet protege la identidad de quienes lo soliciten a partir de los riesgos que enfrentan. Su identidad real ha sido verificada por el equipo editorial de Cubanet.
Especialización: Derechos humanos, sociedad, periodismo multimedia.
TOMADO Cervecería Polar: de emblema industrial a ruina urbana
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