Hallar fortaleza, gratitud y paz a través de las palabras sagradas
Cuando siento temor, cuando no estoy del todo seguro de las cosas, mi sencillo mantra diario proviene de una oración bahá’í que dice: «Mantén la calma, mantente fuerte, sé agradecido».
Esa breve y reconfortante oración, extraída de las *Tablas de ‘Abdu’l-Bahá*, me devuelve a la realidad cuando mi mente comienza a imaginar lo peor:
Mantén la calma, mantente fuerte, sé agradecido y conviértete en una lámpara rebosante de luz, para que la oscuridad de las penas sea aniquilada y el sol de la alegría eterna surja desde el amanecer del corazón y del alma, brillando con fulgor.
Esto se aplica a todas las situaciones y puede ser una fuente profunda de tranquilidad. También podemos demostrar nuestro amor por Dios siendo resilientes y pacientes a lo largo de las pruebas, tal como nos aconsejan los escritos bahá’ís: «¡Oh, Hijo del Hombre! Para cada cosa existe un signo. El signo del amor es la fortaleza ante Mi decreto y la paciencia ante Mis pruebas». Este pasaje reconfortante me recuerda que debo:
Nunca perder la esperanza
Nadie puede predecir el futuro; por lo tanto, si nos dejamos llevar por una mentalidad negativa, tendemos a centrarnos en lo peor. Pero esto es exactamente lo opuesto a lo que Dios desea para nosotros. Las intenciones de Dios para con nosotros son siempre buenas, independientemente de que podamos percibirlo en ese momento o no. ‘Abdu’l-Bahá escribió:
Nunca pierdas tu confianza en Dios. Mantente siempre esperanzado, pues las bondades de Dios nunca dejan de fluir sobre el ser humano. Si se observan desde una perspectiva, parecen disminuir; pero desde otra, son plenas y completas. El ser humano se halla, bajo toda circunstancia, inmerso en un océano de las bendiciones de Dios. Por consiguiente, no pierdas la esperanza bajo ninguna circunstancia; antes bien, mantente firme en tu esperanza.
‘Abdu’l-Bahá también nos exhortó a: Mirar hacia el desenlace de las cosas
Las enseñanzas bahá’ís alientan a todos a mirar más allá de las causas presentes del miedo y a centrarse en un desenlace luminoso. Esto no constituye un mero anhelo vago, sino una firme convicción de que el miedo se disipará y nuestras penas pasarán. Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la Fe bahá’í, escribió:
No te aflijas si, en estos días y en este plano terrenal, Dios ha ordenado y manifestado cosas contrarias a tus deseos; pues, sin duda alguna, te aguardan días de gozo dichoso y de deleite celestial. Mundos santos y espiritualmente gloriosos se revelarán ante tus ojos. Él te ha destinado, en este mundo y en el venidero, a participar de sus beneficios, a compartir sus gozos y a obtener una porción de su gracia sustentadora. Sin duda alguna, alcanzarás cada uno de ellos.
Estas son solo algunas de las valiosas perlas que se hallan en el profundo tesoro de los escritos bahá’ís. Conforman un tapiz de tranquilidad, consuelo y los más grandes remedios contra el miedo. Cada una es una medicina reconfortante que me recuerda cuánto me ama Dios, y que puedo dirigir mi mirada hacia el desenlace final de todas las cosas.
Ahora, tras contemplar el sabio consejo de las enseñanzas bahá’ís, siento que mi niño interior comienza a calmarse. Mi ansiedad se desvanece y una grata paz me envuelve mientras empiezo a conciliar el sueño. Todo estará bien. Estoy a salvo. El miedo ha pasado a un segundo plano, cediendo su lugar a algo mucho más poderoso: la fe y el amor.
Etiquetas: Crecimiento espiritual, Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Escritos de Bahá’u’lláh
Kathy Roman
Kathy Roman es una educadora jubilada especializada en jóvenes bajo tutela, aspirante a escritora, esposa y madre de dos hijos; reside en Elk Grove, California, donde ejerce como Oficial de Información Pública de la Fe bahá’í.
TOMADO DE Finding Strength, Gratitude, and Peace Through the Holy Words - BahaiTeachings.org
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