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Legado sangriento de un verdugo

 


Murió, Ramiro Valdés Menendez, el sujeto que engrasaba la macabra maquinaria del totalitarismo castrista con la sangre de los miles de hombres que fusilo y los cientos de miles que encarcelo.
Participo con los Castro en el fracasado ataque al cuartel Moncada y en la expedición en la que naufrago el yate Granma. En la Sierra Maestra cumplió la misión de espiar a compañeros y enemigos, la misma tarea que asumió en Mexico entre sus compañeros expedicionarios. Tenía vocación de espía, en lenguaje cubano, era el chivato por excelencia.
Ocupo posiciones muy importantes bajo el totalitarismo castrista. Miembro del ejecutivo nacional de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), dos veces ministro del Interior, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, miembro del Buró Político, viceministro Primero de las FAR, ministro de la Informática y de las Comunicaciones, estuvo al frente de los sectores de la Construcción y la Industria Básica, junto a otras responsabilidades gubernamentales.
De 1961 a 1969 comando el ministerio del Interior, cargo que retomó en 1978-1985, siendo sustituido por el viceministro- general, José Abrantes, muerto en prisión.
El comandante Jaime Costa, quien fuera amigo de la infancia de Ramiro Valdés, afirma que los primeros especialistas de la KGB en ingresar a Cuba que hablaban español, abril del 59, lo hicieron por gestiones de Valdés.
Fue el fundador del Ministerio del Interior, estableciendo una estrecha colaboración con sus pares del extinto bloque soviético que duró hasta la caída del Muro de Berlín y en algunos casos por varios años más. Documentos archivados en la Stassi, policía política de la RDA, testimonian la estrecha cooperación entre las fuerzas represivas y los suministros de diferentes clases que la entidad represiva germana enviaba a sus homólogos de La Habana. Igual relación existía con la KGB, soviética.
Valdés instituyó en Cuba la vigilancia contra el ciudadano común, pero también contra los altos jerarcas del régimen. No había diplomático, funcionario, empresario o personalidad extranjera, que no fuera espiado en la isla. Otro aspecto importante en los predios de Valdés fue al alto nivel de corrupción, siendo “Ramirito” el más corrupto.
Es importante destacar que quien fuera Viceprimer ministro del gobierno de Cuba y miembro del Buró Político, fue uno de los principales brazos ejecutores de la subversión castrista en el hemisferio. Las incursiones de los sicarios de la revolución cubana en Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Colombia y el resto de los países del continente, contaron con la asesoría de Valdés.
Valdés, fue el primer jefe militar de Las Villas bajo el castrismo, posteriormente asumió la dirección del Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER), represores por excelencia y primera cantera de la Seguridad del Estado e instructores en la subversión.
La Seguridad del Estado, creada por Valdés es un organismo que ha encarcelado a más de medio millón de hombres y mujeres, ejecutado aproximadamente a seis mil personas y varios cientos de desaparecidos. Ellos cuentan con licencia para arrestar y matar, condenar sin juicios y fusilar sin pruebas, el legado más importante de Ramiro.
El comandante de la Sierra Maestra, Huber Matos, declaro que Ramiro tenía la triste fama de ser represivo, aún antes del triunfo de la insurrección. Matos cuenta que, durante su arresto en Camagüey, Valdés le apunto con una pistola constantemente y fue quien lo condujo preso a la capital.
Las redadas, condenas y ejecuciones estaban a cargo de los "Ramiritos" como los calificaba Dariel Alarcón. Ricardo Boffill, afirmaba que viejos comunistas con un historial de violencia y asesinatos como Isidoro Malmierca y Osvaldo Sánchez, se incorporaron al MININT a través de Valdés, entregándole las informaciones sobre actividades políticas de ciudadanos de interés que había acumulado el Partido Socialista Popular durante años.
Los agentes de Ramiro actuaron con plena impunidad, desconociendo los más elementales derechos ciudadanos. Ejecutaban redadas de miles de personas sin que mediara actuación judicial. Se estima que en los días de Playa Girón fueron arrestados y confinados en campos deportivos, escuelas y clubes sociales, más de 250.000 personas.
 
Entre 1960 a 1975, Ramiro Valdés dispuso el desplazamiento forzoso de miles de campesinos de diferentes zonas rurales de Cuba, particularmente de la región montañosa del Escambray, creando los tristemente famosos “Pueblos Cautivos”.
No faltaron masacres como la de «La Ceiba», Escambray, donde fueron ejecutados con una ametralladora calibre 30, 19 hombres. Para el ministro y sus discípulos, la convicción de que un indiciado era culpable hacía posible cualquier condena. Fundo campos de concentración en todo el país, «La Sierrita», «Arroyo Blanco», «El Condado», y muchas más, siendo los campesinos los que más la padecieron.  
Ulteriormente, colaboró estrechamente con el Ministerio de las Fuerzas Armadas para poner en función las sádicas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), donde miles de jóvenes fueron maltratados brutalmente.
Valdés introdujo en los interrogatorios torturas muy sofisticadas. La aplicación del pentotal sódico (conocido como el suero de la verdad), cambios de temperaturas, aislamiento prolongado y métodos sicológicos muy agresivos para desestabilizar al preso, entre ellos el electroshock, sin dejar de proporcionar golpizas brutales. Numerosos presos recluidos en el hospital de Topes de Collantes, transformado en cárcel, fueron atados y lanzados desde helicópteros a una laguna situada cerca del antiguo centro hospitalario. Estas torturas se realizaron en otros lagos y pantanos de la isla.
Manuel de Beunza, dice que aparte de asesino, Ramiro era un sádico. Gustaba visitar las prisiones, en particular las menos conocidas, como unas que estaban a disposición exclusiva del Departamento Técnico de Investigaciones, en las que el detenido podía permanecer por tiempo indefinido sin ser presentado ante autoridad judicial.
Las condiciones carcelarias bajo la dirección de Valdés no solo eran difíciles, sino que podían generar un genocidio, si en el país se producía alguna circunstancia que pusiera en peligro la permanencia del sistema. Cumpliendo órdenes de Fidel, coloco en los túneles de las cuatro circulares y en el comedor, del Reclusorio Nacional para Varones de Isla de Pinos, miles de libras de TNT, con la orden de detonar los explosivos si se producía una sublevación o un ataque del exterior. Durante más de 20 meses 5.000 presos políticos durmieron sobre un virtual colchón de explosivos.
Valdés fue el asesor estrella del castrismo en lo que respecta a represión, en la Venezuela de Hugo Chavez y Nicolas Maduro, previamente lo había sido de Daniel Ortega y Humberto Ortega, en la sufrida Nicaragua. Sus conocimientos sobre prácticas violentas eran invaluables.
Los funcionarios del Minint y Seguridad del Estado, G-2, han sido una élite dentro del régimen. Disfrutan de prerrogativas y privilegios que jerarcas de otras estructuras gubernamentales no disponen. Un oficial de esos cuerpos es mucho más importante que su par de las Fuerzas Armadas, su condición de sacerdotes del totalitarismo les permite intimidar, detener y eliminar a cualquier hereje sin mayores consecuencias, siendo, ese, el verdadero poder en un régimen como el castrismo. Ramiro lo detento hasta su muerte.


Pedro Corzo
Periodista
(305) 498-1714
TWITTER: @PedroCorzo43

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