(CUBA) Cosas que no deberíamos confundir
Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- Hay cosas que no debemos confundir, aunque el gobierno cubano haga un doctorado en confundirlo todo. El «campo de batalla político» entre Cuba y Estados Unidos, según ellos, es una epopeya digna de Homero; en realidad, es más bien un sketch de mala calidad.
Cuba intenta justificar su miseria absoluta con el bloqueo, como si el bloqueo hubiera sido quien destruyó la agricultura, la industria, la moneda, la electricidad y hasta la paciencia nacional. Ni mencionan —faltaría más— lo que Silvio Rodríguez reconoció hace dos días: ineficiencia económica crónica y cero reformas cuando tocaba.
Pero claro, es más cómodo hacerse la víctima. El papel les queda perfecto: lloran, señalan al norte y se olvidan de que los únicos que se autoeligieron fueron los canelistas de la mafia revolucionaria. Mientras tanto, Granma y la Mesa Redonda venden la novela de la «solidaridad internacional».
Según ellos, América Latina y medio planeta están listos para abrazar a Cuba. Sí, claro. Abrazarla… pero desde lejos, sin tocarla, no vaya a ser que les pidan dinero. China y Rusia, los antiguos salvadores, hoy ni levantan la ceja. Están ocupados en sus propios incendios. Ese silencio es la radiografía perfecta de la realidad.
Los pobres no le interesan a nadie
La verdad es simple: al mundo Cuba no le interesa. Nadie quiere negocios con un país que no paga, que vive de lo ajeno y que, cuando menos lo esperas, te mete la mano en el bolsillo. Pero el gobierno insiste en taparlo con las cortinas del «bloqueo» y la «solidaridad». Cortinas baratas, por cierto. El pueblo cubano debería asumir algo que duele: en 67 años, ningún gobierno lo ha considerado más que carne de maniobra. Instrumento, masa, servidumbre. Nada más.
El régimen apretó tanto las tuercas que terminó rompiendo la máquina. Y ahora, sin saber qué hacer, sientan cada día a un ministro distinto a contar cuentos chinos —sin China, porque China ya ni aparece— y sin una sola solución real. Los socios de negocios, esos que durante años fueron cómplices, ya se largaron. La solidaridad se evaporó. Y conviene repetirlo: los pobres no le importan a nadie. Ni dentro ni fuera.
La única «suerte» de Cuba es estar demasiado cerca de Estados Unidos. La crisis cubana molesta en Washington y les huele a éxodo masivo. Por eso, hoy el único gobierno que realmente quiere un cambio en Cuba —por conveniencia, no por amor— es el de Estados Unidos. Y sí: esa es la única salida real al suplicio que propone la mafia revolucionaria.
Cuba tiene delante quizá la última oportunidad de reconstruirse desde cero. Estados Unidos está listo para ayudar, la comunidad cubana también. Pero con calderos y consignas no se arregla nada. Mientras sigamos escuchando las tonterías de los jerarcas, seguiremos en el mismo círculo vicioso.
No nos dejemos confundir. Aunque ellos lo intenten a diario.
TOMADO DE Gobierno Cubano: Confusiones y Realidades del Bloqueo
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