22 años de tortura: El testimonio más crudo del presidio político en Cuba
Armando Valladares relata sus 22 años de presidio político en Cuba: celdas tapiadas, 13 visitas en dos décadas y una condena de 40 años por decir 'no'.
Armando Valladares tenía 23 años y trabajaba como funcionario en el Ministerio de Comunicaciones cuando, a finales de 1960, se negó a firmar un cartel que pedía adhesión a Fidel Castro como comunista. Esa negativa le costó 22 años de presidio político en las cárceles cubanas, según relató en una entrevista concedida a CiberCuba.
Valladares recuerda que a finales de 1960 el régimen colocó carteles en las oficinas del gobierno para que los funcionarios expresaran su apoyo a Castro. Cuando pusieron uno en su mesa, respondió con claridad: «Si es comunista, no».
«Eso me calificó como un enemigo del régimen. Un mes después me desperté con una ametralladora en la cabeza empujándome la cabeza contra la almohada y me acusaron de diversionismo ideológico. Eso fue todo, nadie me acusó, no ocuparon armas exclusivas, nada», relató.
La ironía del momento histórico no escapa al propio Valladares: Castro aún se declaraba anticomunista y había dicho públicamente que el comunismo era «la esclavitud científica del hombre». Poco después se declararía marxista-leninista.
Condenado inicialmente a 30 años, su sentencia se elevó a 40 tras un intento de fuga de la prisión de Isla de Pinos, por el que recibió 10 años adicionales.
Las condiciones que describe son de una crueldad sistemática. «Estuve 22 años en la cárcel plantado. En 22 años solamente tuve 13 visitas. Estuve siete años en una celda tapiada con una plancha de acero en la puerta, otra en la ventana, sin luz, viviendo sobre mis propios excrementos prácticamente», declaró.
Valladares pertenecía al grupo conocido como los «plantados», presos políticos que se negaban a aceptar el plan de rehabilitación del régimen, que implicaba reconocer la autoridad del gobierno y participar en trabajos forzados. La negativa tenía un precio brutal.
«Y no claudiqué, como no claudicaron muchos de mis compañeros. Todo eso podía terminar si aceptábamos la rehabilitación política. No la aceptamos», afirmó.
El daño físico era irreversible. «Cuando nos sacaron de allí no podíamos caminar derecho porque habíamos perdido la línea de marcha. Hacíamos como si estuviéramos ebrios», describió al recordar el momento en que él y sus compañeros salieron de las celdas tapiadas.
Valladares también habló de cómo conoció a quien sería su esposa y artífice de su liberación: la encontró en prisión cuando ella visitaba a su padre, compañero de celda de Valladares. Ella tenía entonces 14 años. «Salí por una campaña internacional que dirigió mi esposa», dijo.
Esa campaña, respaldada por el gobierno francés de François Mitterrand, logró su liberación en 1982. Tres años después publicó «Contra toda esperanza», su testimonio sobre el presidio político cubano, que tuvo amplia repercusión internacional. En 1987, el presidente Ronald Reagan lo nombró representante de Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.
La situación de los presos políticos en Cuba sigue siendo una herida abierta más de seis décadas después.
Según datos documentados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las condiciones que vivió Valladares -celdas sin ventanas, aislamiento extremo, alimentación deficiente- fueron una práctica sistemática del régimen contra quienes se negaban a doblegarse.
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