Palabras a los intelectuales: la frase de Fidel que impuso las reglas del juego a la cultura cubana

Hace 65 años, Fidel Castro impuso al arte y la cultura las reglas del juego dentro del régimen totalitario mediante Palabras a los intelectuales, como es conocido el discurso con que dio por concluidas las tres reuniones que sostuvo en la Biblioteca Nacional durante los días 16, 23 y 30 de junio de 1961 con decenas de los más importantes escritores y artistas cubanos de la época.
La disputa a propósito del documental PM, de Sabá Cabrera y Orlando Jiménez, entre Alfredo Guevara, director del ICAIC, y Carlos Franqui y Guillermo Cabrera Infante, directores del periódico Revolución, órgano del Movimiento 26 de Julio, y de su suplemento cultural Lunes de Revolución, respectivamente, pudo parecer un inoportuno estorbo para Fidel Castro, que por entonces, a menos de dos meses de la invasión de Playa Girón, estaba demasiado ocupado en asuntos más graves como para tener que encargarse de querellas entre intelectuales.
Pero aquella pugna de influencias entre Alfredo Guevara y los estalinistas del desaparecido Partido Socialista Popular (PSP), por un lado, y Carlos Franqui, Cabrera Infante y otros integrantes del ala liberal y socialdemócrata del M-26-7, por el otro, por encabezar “la cultura revolucionaria”, terminaría siendo aprovechada por Castro para consolidar el control de su régimen también en el ámbito cultural, luego de que el carácter socialista de la Revolución fuera proclamado el 16 de abril de 1961.
Aquellas tres reuniones de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional dieron a Fidel Castro la oportunidad de meter en cintura y hacer entrar por el aro a los intelectuales, así como de acabar con “sus impertinencias y majaderías pequeñoburguesas”, porque eso eran para el Máximo Líder las preocupaciones y temores acerca de las limitaciones a la libertad de expresión y de creación artística.
Sin disimular su incomodidad e impaciencia, con el cinto y la pistola Browning de nueve milímetros sobre la mesa, Fidel Castro, flanqueado por el presidente Osvaldo Dorticós y el zar del ICAIC, Alfredo Guevara, y deseoso de no prolongar más un asunto que ya duraba demasiado para su gusto, advirtió de forma escueta y cuartelaria que no toleraría nada que fuera en contra del régimen o que pudiera interpretarse como tal, con una frase reminiscente de la pronunciada por Benito Mussolini en La Scala de Milán, el 28 de octubre de 1925: “Con el Estado todo, fuera del Estado nada”. Fidel Castro se limitó a sustituir Estado por Revolución.
TOMADO DE

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