Falleció Kendall Myers, el infame espía del régimen cubano que dijo que Fidel Castro era “maravilloso”

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El exfuncionario del Departamento de Estado e infame espía del régimen cubano, Kendall Myers, falleció recientemente, cerrando así un capítulo sumamente vergonzoso

Este sujeto, que prefirió servir a una tiranía empobrecedora, exhaló su último suspiro en una casa de salud para reclusos en Misuri. A los 88 años, el hombre que dedicó tres décadas de su vida a entregar secretos de seguridad nacional a los carniceros de La Habana, finalmente sucumbió ante un cáncer, llevándose a la tumba los detalles de una lealtad perversa hacia un sistema que solo genera miseria y represión.

La noticia de su deceso fue confirmada por el diario The New York Times, citando declaraciones de su hija, Amanda Myers. El fallecimiento ocurrió el pasado 12 de marzo en Springfield, poniendo fin a la existencia de un individuo que, bajo el alias de “Agente 202”, operó en las sombras para fortalecer el brazo opresor del castrismo.

Falleció en prisión Kendall Myers, exespía del régimen cubano
Kendall Myers

Kendall Myers no fue un simple idealista confundido; fue un engranaje consciente y eficiente de una maquinaria de inteligencia que buscaba socavar los intereses de la libertad en el hemisferio occidental, todo por una admiración casi religiosa hacia figuras nefastas como Fidel Castro.

El historial de una traición prolongada

La trayectoria de este traidor es el vivo retrato de la infiltración ideológica que el régimen cubano ejecuta. Mientras ascendía en los rangos de la Oficina de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado, Kendall Myers acumulaba un acceso sin precedentes a cables diplomáticos y documentos de alta sensibilidad.

No le bastó con disfrutar de los privilegios del sistema democrático, sino que utilizó su posición para alimentar a la dictadura más longeva de América.

Métodos de espionaje

El cinismo de este espía no conoció límites. Durante sus años de actividad, utilizaba métodos sacados de una novela de espionaje de la Guerra Fría: transmisiones por radio de onda corta y el intercambio de información en carritos de supermercado.

Junto a su esposa, Gwendolyn Myers, conocida en los archivos de la inteligencia castrista como la Agente 123, formó un binomio de traición que operó con impunidad hasta su captura en 2009.

Kendall Myers y su esposa, Gwendolyn Myers
Kendall Myers y su esposa, Gwendolyn Myers / Foto: New York Times

Kendall Myers insistía en que sus acciones no nacían de un sentimiento antiestadounidense, sino de un deseo de ayudar al pueblo cubano a defender su revolución. Esa narrativa es la misma mentira que el régimen utiliza para justificar sus cárceles llenas de presos  políticos y el hambre de su gente.

La dantesca fascinación de Kendall Myers por Fidel Castro

El viaje al abismo moral de Kendall Myers comenzó en 1978, tras una invitación a la isla que lo dejó hipnotizado por la estética revolucionaria del Museo de la Revolución. Allí, en el corazón del adoctrinamiento, fue donde el veneno castrista hizo su efecto.

Poco tiempo después, fue reclutado formalmente y comenzó una doble vida que duró treinta años. Es repugnante recordar que, en 1995, este matrimonio de espías se reunió clandestinamente con el dictador Fidel Castro durante cuatro horas. En lugar de sentir repulsa ante el opresor, Myers lo describió años más tarde como alguien “maravilloso”, una bofetada en el rostro de los millones de cubanos fusilados, encarcelados o exiliados por órdenes de ese mismo individuo.

Kendall Myers, infame espía del régimen cubano
Kendall Myers, infame espía del régimen cubano
Playas e islas

La caída final del Agente 202

La caída de Kendall Myers fue el resultado de una operación encubierta del FBI que explotó su vanidad y su fervor ideológico. Un agente federal, fingiendo ser un enviado de La Habana, logró que el espía confesara su admiración incondicional por la tiranía. En ese momento, la máscara cayó definitivamente.

Su condena a cadena perpetua fue un acto de justicia necesario, aunque insuficiente para reparar el perjuicio causado a la nación. Mientras su esposa cumplió una sentencia menor y falleció en 2015, Kendall Myers permaneció tras las rejas, viendo desde la distancia cómo el régimen al que entregó su honor sigue hundiendo a Cuba en la oscuridad absoluta.


La muerte de Kendall Myers no merece honores ni compasión. Representa el fin de un peón que se vendió a una causa criminal por una satisfacción ideológica vacía. La historia lo recordará no como un servidor público, sino como el Agente 202, un hombre que traicionó su juramento y a sus compatriotas para lamer las botas de un régimen que desprecia los derechos humanos más elementales.

TOMADO DE Kendall Myers, exespía del castrismo, falleció en prisión

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