Por qué el régimen cubano está apagando el país por circuitos y no por bloques

 Un apagón en La Habana

Un apagón en La Habana (Foto: CubaNet)

Sin luz, sin agua, con hambre y con rabia desbordada contra los gobernantes, la olla nacional ha sobrepasado el punto de ebullición y está por explotar.

LA HABANA.- A diferencia de años anteriores, cuando nerviosos por la connotación de la fecha del 11 de julio apostaron por iluminar los barrios donde más probabilidades existe de una explosión de protestas, esta vez al parecer decidieron apagar la isla en pleno con una “desconexión del SEN” que muchas personas en la calle no dudan en calificar como de premeditada y ejecutada por la propia dictadura. La cual, de paso, logró desconectar a las personas, aislarlas, incomunicarlas para que les fuera imposible pasar del cacerolazo en la cuadra a la protesta masiva en la plaza. Algo que pudiera ocurrir en cualquier momento, teniendo en cuenta el grado de desesperación que muestra una mayoría en las calles y redes sociales.

Sin luz, sin agua, con hambre y con rabia desbordada contra los gobernantes, la olla nacional ha sobrepasado el punto de ebullición y está por explotar. El castrismo lo sabe y pocos dudamos de que, sin opciones, esté echando mano a lo que sea. Incluso a cosas tan peligrosas como los colapsos del sistema eléctrico nacional (SEN), que en cualquier momento se pudieran tornar irreversibles, teniendo en cuenta la precariedad de las instalaciones generadoras y la falta de combustibles pero, además, según comentó a Cubanet un funcionario del Ministerio de Energía y Minas, el éxodo de trabajadores (entre ellos técnicos e ingenieros con años de experiencia) tanto en las centrales térmicas como en las brigadas de linieros y especialistas, debido a las malas condiciones laborales, los bajos salarios y las jornadas de trabajo sobre extendidas, por causa de las constantes averías y por la propia disminución de trabajadores.

No pudiendo generar la electricidad suficiente para “contentar” a los que, ya adaptados al abuso sistemático, apenas se conforman con un ratico de luz para cocinar, es muy probable que el régimen haya apostado por accionar el interruptor y abrir los circuitos, al menos en esta fecha que, de seguro, le eriza la piel solo con pensar en ella.

Apenas una semana antes del penúltimo black-out habían prometido en la televisión nacional que los grupos de baterías asociadas a los parques fotovoltáicos aportarían robustez al sistema, presentaron incluso el más nuevo de ellos inaugurado apenas este mes de junio en la localidad de El Cotorro, en La Habana, como garantía de que las caídas del SEN serían historia pasada. Pero, lo cierto es que al parecer no coordinaron muy bien la mentira o que, a última hora, la opción de apagar todo se impuso cuando temieron que este 11 de julio varios grupos de ciudadanos se coordinaban para tomar las calles ya hubiera o no electricidad en sus hogares, puesto que el reclamo sería por libertad y por la vida.

¡AHORA MISMO! Protesta en La Habana Vieja desata tensión.

También una semana antes del 11 de julio fue que “casualmente” pusieron en práctica el nuevo sistema de apagar por circuitos y no por bloques, como se había hecho hasta ese momento. De acuerdo con la Empresa Eléctrica, en la nota oficial divulgada en sus cuentas, la decisión fue adoptada por una cuestión de operatividad, aun cuando para hacerlo, a diferencia del apagón por bloques que se ejecuta mayormente a distancia, se requiere de más de una decena de brigadas directamente en la calle y el empleo de vehículos para el traslado hacia las zonas, con el consecuente gasto de combustible.

Trabajadores de la propia Empresa Eléctrica entrevistados precisamente a raíz del cambio de estrategia, no encuentran una explicación lógica a tal decisión, a la que no dudan de calificar de absurda y hasta de arbitraria, puesto que para la mayoría de ellos revela el tratamiento diferenciado que el régimen da a determinadas zonas de la ciudad. Un tratamiento en dependencia de la relación que guarden con objetivos económicos y emplazamientos militares, con barrios residenciales de la élite dirigente o por la valoración de “peligrosidad” otorgada por los llamados “Consejos de Defensa” (municipales y provinciales), basada no en el “potencial delictivo” sino en el grado de descontento que perciban en determinado barrio y la posibilidad de que este evolucione a foco de estallido social.

Probablemente tales hayan sido los criterios para determinar cuáles circuitos se apagan y por cuántas horas, incluso el área que abarca cada uno, habiendo algunos más extensos que otros por una cuestión de “seguridad” más que por un asunto de “operatividad” técnica. 

Según lo describe uno de los obreros de la Empresa Eléctrica con el que conversó este periodista mientras hacía su labor de apagar el circuito donde resido, el paso del apagón por bloques al apagón por circuitos no parece una cuestión técnica —como pudiera haber quedado demostrado con las dos caídas del SEN en menos de una semana, posteriores a la decisión— sino una estrategia policial, más que política.

“Cuando antes apagabas un bloque, que solo uno de ellos comprende casi la mitad de La Habana, se arriesgaban a que miles de personas salieran a protestar”, comenta el trabajador de la Empresa Eléctrica, y agrega: “Ahora cuando se apaga por circuitos, el riesgo se reduce enormemente. Protesta el de la cuadra que está apagada, pero el de la otra, no. Así pienso yo que logran que nadie se una en un mismo barrio, que los mismos que ayer protestaban ahora se enfrenten. Los que están satisfechos porque tienen luz y los que están enojados por el apagón. No le encuentro otra explicación”.

Lo cierto es que cien personas reclamando electricidad a gritos en la calle apenas son una protesta; pero miles reclamando lo mismo son una revolución. Quizás por eso llegó y pasó el 11 de julio como cualquiera otra fecha. Porque una vez más el régimen cubano echó mano a los viejos trucos de su extenso manual de represión: plantó represores frente a las viviendas de opositores y periodistas independientes; ofendió en redes sociales a quienes hace cinco años salieron a las calles a manifestarse pacíficamente reclamando electricidad, agua, libertad y vida. También activó los Consejos de Defensa en los barrios y movilizó fuerzas militares pero, sobre todo, usó los apagones totales de energía y de comunicaciones para inducir una paz forzada y enviar al mundo una imagen de tranquilidad ciudadana que nada tiene que ver con la realidad.

Biografía del autor:

TOMADO DE Por qué el régimen cubano está apagando el país por circuitos

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