La destrucción de la esperanza pública

 


La fuerza de esa reflexión está en que no habla únicamente del fracaso de un gobierno. Habla de algo más profundo: el deterioro de la confianza colectiva

AUTOR  Miguel Ángel Monraz

Hace décadas, uno de los fundadores del PAN -Manuel Gómez Morín- escribió una frase que hoy parece describir con precisión el momento que vive México: “... es peor el bien mal realizado que el mal mismo. Lo primero destruye la posibilidad del bien y mata la esperanza.”

La fuerza de esa reflexión está en que no habla únicamente del fracaso de un gobierno. Habla de algo más profundo: el deterioro de la confianza colectiva en que las cosas pueden mejorar. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en México.

Durante años, millones de mexicanos depositaron su esperanza en proyectos políticos que prometieron transformar al país. Sin embargo, la realidad cotidiana de muchas familias hoy está marcada por el miedo, la incertidumbre y la sensación de que las instituciones dejaron de responder. México vive una crisis de esperanza pública.

Por un lado, el país enfrenta una expansión de la violencia y del poder criminal que ya no puede entenderse sólo como un problema de seguridad. El caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y las acusaciones surgidas desde Estados Unidos, han generado una indignación profunda no sólo por el contenido de las investigaciones, sino por la percepción de que el gobierno federal está más preocupado por proteger políticamente a los suyos que por esclarecer los hechos con total transparencia.

Y eso lastima enormemente a las instituciones. Porque cuando la sociedad percibe que el poder político cierra filas antes de exigir verdad y rendición de cuentas, el mensaje que recibe es devastador: la prioridad no es proteger a las personas, sino proteger proyectos políticos y triunfos electorales.

Eso destruye la confianza. Pero la desesperanza pública no se construye sólo desde el miedo. También se construye desde la ineficiencia.

Jalisco es un ejemplo claro de ello. Movimiento Ciudadano gobierna la mayor parte de la población municipal del estado y encabeza el gobierno estatal bajo una narrativa permanente de modernidad e innovación. Sin embargo, la realidad cotidiana de miles de familias es distinta: inseguridad persistente, problemas graves de agua potable, servicios públicos deficientes y una creciente percepción de que los gobiernos administran discursos con mayor eficacia de la que resuelven problemas.

Y ahí es donde la frase de Gómez Morín adquiere toda su dimensión. Porque cuando un gobierno promete bienestar y no logra concretarlo, el daño puede ser todavía más profundo.

México comienza a vivir justamente esa ecuación: miedo por un lado, ineficiencia por el otro. Y entre ambos extremos, millones de ciudadanos empiezan a perder algo fundamental para cualquier democracia: la esperanza.

La política deja de tener sentido cuando la gente siente que ningún gobierno puede protegerla ni resolver sus problemas más básicos.

Por eso el reto de México es moral e institucional. Porque un país puede sobrevivir a muchas crisis. Pero cuando pierde la esperanza pública, comienza también a perder el rumbo.

POR MIGUEL ÁNGEL MONRAZ

COLABORADOR

@Miguel_Monraz

TOMADO DE La destrucción de la esperanza pública - El Heraldo de México

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