Frances Robles, veterana corresponsal de Cuba, sobre cómo informa desde la periferia


Por

 Robles ha narrado durante décadas los ciclos de esperanza, represión y promesa de cambio en Cuba. Conversó con LatAm Journalism Review sobre una historia que no deja de repetirse.

Mucho ha cambiado en Cuba este año, en gran medida por una nueva ola de presión de los Estados Unidos. Venezuela, uno de los socios más cercanos de la isla, redujo drásticamente el apoyo petrolero y financiero que antes brindaba. Gobiernos de toda América Latina han comenzado a cortar vínculos con las misiones médicas cubanas en el extranjero. Y, en un inusual reconocimiento público, el presidente Miguel Díaz-Canel confirmó que su gobierno ha sostenido conversaciones con Washington.

Pocas periodistas han seguido tan de cerca ese reordenamiento como Frances Robles. Desde Florida, Robles ha pasado más de 25 años reportando sobre Cuba y la región, muchas veces desde lugares donde el periodismo independiente es difícil, cuando no peligroso, de ejercer. Comenzó su carrera en el Miami Herald, donde fue jefa de corresponsalía en Managua y Bogotá. En 2013 se unió a The New York Times, donde cubre América Latina y el Caribe. Sus colegas la conocen como “Frenchie” o “La Encantadora de Cuba”.

Robles, de 57 años, nacida en Nueva York —y con una entonación que lo demuestra— y de ascendencia puertorriqueña, ha recibido numerosos reconocimientos, incluido el Premio Maria Moors Cabot de 2024 por excelencia en la cobertura de las Américas. En esta conversación con LatAm Journalism Review (LJR), editada por extensión y claridad, habló sobre reportear Cuba desde la distancia, leer entre líneas la prensa estatal y la importancia de aprender a manejar transmisión estándar.

Woman in glasses stands at podium

En 2024, Frances Robles recibió el Premio Maria Moors Cabot por su destacada labor periodística en las Américas. (Foto: Chris Taggart, Universidad de Columbia).

LJR: En marzo publicaste un reportaje con varias primicias: que la administración Trump quiere sacar del poder al presidente Díaz-Canel, que probablemente busca un régimen complaciente más que un cambio de régimen, y que uno de los nietos de Raúl Castro sería el principal interlocutor en las negociaciones con el secretario de Estado Marco Rubio. ¿Qué puedes decirnos sobre cómo reportear desde dentro de gobiernos que parecen cajas cerradas?

Robles: Es muy difícil. No tengo consejos ni fórmulas para manejar esa caja cerrada porque el gobierno cubano mantiene todo bajo un control muy estricto. Yo no soy una de las personas a las que les dan visa, así que tienes que trabajar desde la periferia. Tienes que hablar con gente que habla con ellos. Ayuda haber estado en esto desde hace mucho tiempo. Entonces, si llamo a alguien, seguro ha escuchado mi nombre o que le he entrevistado hace 20 años. Pero no voy a mentir, es muy difícil.

LJR: ¿Por qué dices que no eres alguien a quien el gobierno cubano le da visas?

Robles: El gobierno cubano ejerce mucho control sobre quién puede entrar a Cuba y reportear allí. Ese ha sido un gran desafío para cualquier periodista que cubre Cuba desde hace décadas.

LJR: ¿Cuándo fue la última vez que pudiste reportear en la isla?

Robles: El gobierno cubano me dio una visa durante la visita del presidente Obama en 2016. Fue súper interesante porque habían pasado siete años desde mi última visita y parecía que hubiera pasado ya toda una vida. Veías todos estos restaurantes lindos y toda esta gente burguesa. Yo decía: “¿Este qué país es?”

LJR: ¿Había una clase alta? No sabía que existiera ese tipo de jerarquía en Cuba.

Robles: Había una clase alta, o al menos la hubo en ese momento. No sé si todavía exista. Seguro ahora todos vivan en Miami o Madrid. Pero en 2016 se respiraba una verdadera sensación de esperanza, optimismo y emoción en el aire. La gente decía: “Wow, las cosas van a cambiar”. Mi impresión es que ahora existe una sensación similar, pero por razones muy distintas. Creo que hay miedo y expectativa al mismo tiempo. Mucha gente siente que algo va a cambiar, pero teme lo que tendrá que atravesar antes de que eso ocurra.

LJR: ¿Cómo fue reportear en la calle durante esa visita?

Robles: Fue increíble. Hablamos con personas, pasamos tiempo en sus casas, e hice una nota de la que me siento orgullosa, en la que hablé con muchos jóvenes sobre esa decisión de quedarse o irse. Alguien había abierto una panadería, otro tenía un servicio de entrega de comida, y estaban muy entusiasmados. Fue una oportunidad maravillosa.

LJR: ¿Cómo lograste entrar a la isla la vez anterior, en 2009?

Robles: Fui a un concierto. Juanes estaba dando un gran concierto gratuito y era un acontecimiento enorme. También intenté hacer otras notas que probablemente eran demasiado ambiciosas. Traté de entrevistar a personas en las que seguramente la seguridad del Estado ya se había infiltrado. Entonces recibí una llamada amistosa. De hecho, fueron muy amables y profesionales. Me llamaron al lugar donde me hospedaba. Me dijeron: “Usted no vino a trabajar, ¿verdad?”. Y yo respondí: “Ah, pero voy a disfrutar el concierto”. Ellos dijeron: “Ok, pero usted no vino a trabajar, ¿verdad?”. De todos modos ya tenía programado irme, así que no me expulsaron, que digamos. Aunque sí me expulsaron una vez antes, en el año 2000.

LJR: ¿Y qué pasó entonces?

Robles: En ese momento ni siquiera era la reportera oficial de Cuba en el Miami Herald. Apenas era una novata. Eran viajes de dos o tres semanas. Fui con visa de turista y, en retrospectiva, no puedo creer las cosas que hacía. Iba a buscar a la familia de Elián González y hacer entrevistas en su pueblo. Escribía mis historias a mano y luego las enviaba por fax desde el hotel. (González ahora es diputado de la Asamblea Nacional).

Y un día estábamos por ir al pueblo donde vivía Elián González, en Cárdenas, como a hora y media de La Habana. Yo estaba haciendo checkout y el botones estaba súper nervioso y no dejaba de decir: “¿Cuándo se va? Avíseme y yo le llevo las maletas”. Luego llegó un chofer a recogernos y, de repente, veo al botones corriendo. Le dice algo al taxista y el taxista me dice: “Disculpe, vuelvo enseguida. Tengo una llamada”. Y yo pensé: “¿Eres taxista y tienes una llamada en mi hotel?”. Recuerdo que estaba hablando por teléfono con un editor y le dije: “Aquí pasa algo”.

El taxi nos llevó hasta el lugar de alquiler de autos y nos dejó ahí. Y de pronto el sitio estaba lleno de hombres con uniformes militares. Dijeron: “¿Me permite sus documentos?”. Y yo: “¿Qué? Solo voy a rentar un carro. Soy turista”. Sabían perfectamente quién era yo. Esa vez estuve detenida seis o siete horas.

Me dejaron volver al hotel, pero se quedaron con mi pasaporte. Regresaron por mí a las cinco de la mañana, me llevaron bajo custodia y literalmente me subieron a un avión. Luego me devolvieron el pasaporte. Me cobraron el taxi al aeropuerto. Me dieron un recibo.

LJR: Uno de tus antiguos editores me dijo que cubrir Cuba era la mejor y la peor fuente en el Miami Herald por el nivel de escrutinio que recibía. ¿Cómo era cubrir Cuba para lectores cubanoestadounidenses en el sur de Florida?

Robles: Es curioso. Supuse que el escrutinio sería peor. La única nota que recuerdo que generó una reacción enorme fue una que hice durante los años de Hugo Chávez en Venezuela. Chávez estaba ofreciendo cirugías oftalmológicas y haciendo todos estos programas en Cuba. Y era verdad: sí los estaban haciendo. Pero recibí críticas porque era como si no se pudiera reconocer que alguien estuviera haciendo algo bueno. Los lectores pensaban que era propaganda populista.

Para mí, la razón por la que era el peor trabajo en el Miami Herald era porque eras corresponsal de Cuba y no podías estar sobre el terreno. Como corresponsal extranjera, ese es tu pan de cada día. Estás ahí para ser testigo. No para hablar por teléfono con la gente. Ese es el verdadero desafío de cubrir Cuba. Lo era hace 20 años y lo sigue siendo ahora. Tienes que hacer millones de llamadas. Tienes que ver las cosas a través de los ojos de otras personas.

LJR: ¿Qué rol tienen los periodistas locales en tu trabajo?

Robles: Tienen un rol enorme. Muchas veces hacemos doble firma con un periodista local. A veces estoy ahí con ellos y otras veces trabajo de manera remota. En Haití, por ejemplo, tengo que contratar a un periodista local que esté conmigo. Me acompaña a todas partes. Me da ideas. Me ayuda a coordinar entrevistas. También me traduce porque no hablo criollo ni francés.

Muchas veces, sobre todo como corresponsal, no necesariamente se espera que des la primicia, sino que observes desde lejos y digas: “Wow, esto sigue pasando. Mejor voy para allá a ver qué está pasando”. Entonces también dependes del trabajo inicial que ya publicó la prensa local. No tiene precio.

LJR: ¿Cuánto consumes los medios estatales?

Robles: Seguro debería consumir más. La prensa del gobierno cubano es verdaderamente útil. El gobierno cubano no da entrevistas ni responde solicitudes, pero si buscas en sus medios oficiales, normalmente puedes encontrar las citas que necesitas. A veces cubren problemas reales. Ahora mismo estoy trabajando en una historia sobre la acumulación de basura en Cuba. No me están dando entrevistas sobre eso. Pero si lees Granma o Cuba Debate, encuentras artículos bastante profundos donde hablaron con la comunidad y con funcionarios responsables de la recolección. A veces son autocríticos. De vez en cuando, incluso puedes encontrar una cita sincera. Tienes que leer eso para destacar su punto de vista en las notas.

LJR: Tu primera nota en el Miami Herald mencionando Cuba salió en 1993, así que podría decirse que llevas más de 30 años siguiendo o reportando sobre la isla. ¿Cómo es cubrir una y otra vez a personas diciendo: “No, ahora sí viene el cambio de régimen”?

Robles: Sí, es un poco gracioso. Estábamos hablando de GAESA, el conglomerado militar, y alguien estaba considerando redactar una nota sobre eso. Entonces lo busqué y encontré una nota que redacté en 2006. Y era exactamente ese mismo momento de: “Sí, sí, sí. Ahora sí va a pasar”, porque 2006 fue el año en que Fidel Castro enfermó por primera vez. Luego, cuando renunció oficialmente en 2008, era: “Ah, ahora sí”. Y cuando murió en 2016, era: “¡Ahora sí!”. Es gracioso cuando busco en el archivo y encuentro un texto con casi el mismo titular que el que estoy a punto de escribir.

LJR: Y es una nota que escribiste tú misma.

Robles: Exacto. Entonces tengo que esforzarme para no convertirme en la señora mayor de la reunión que voltea los ojos y dice: “Sí, ya eso ya lo hicimos”. Aunque, siendo justa, esta vez sí se siente diferente. Hice una nota en la que a cada experto le hice la misma pregunta: “¿Esto se siente distinto?”. Y todos respondieron: “Sí, absolutamente se siente diferente esta vez”.

LJR: Entonces, cuando ves un eco en tu propio trabajo, ¿cómo haces para que la nota se sienta nueva?

Robles: No importa. Nadie recuerda lo que escribiste hace 20 años. ¡Tengo suerte si recuerdan algo de hace tres años! Estoy terminando de editar una nota sobre el tema de las propiedades cubanas. Cuando empresas y ciudadanos estadounidenses se fueron de Cuba, dejaron sus casas atrás y luego el gobierno las tomó. Los cubanos también se fueron y perdieron sus propiedades. Nunca las recuperaron. Bueno, hice casi exactamente la misma nota hace 10 años. Y probablemente la escribí otros 10 años antes también.

LJR: ¿Por qué crees que hay tantos ecos en tu cobertura?

Robles: Porque muchos de los problemas no han cambiado. Siguen existiendo presos políticos, siguen existiendo propiedades expropiadas y todavía no ha habido elecciones democráticas. Mientras nada de eso se resuelva, vas a seguir escribiendo la misma nota una y otra vez. Y tienes que hacerlo porque sigue siendo importante.

LJR: Esta entrevista se nos fue un poco de las manos, así que gracias por tu paciencia. ¿Hay algo más que quieras destacar?

Robles: ¿Viste el artículo sobre mí que salió el otro día en The New York Times?

LJR: Por supuesto.

Robles: No pusieron que tomé clases de manejo. A los treinta y tantos años tomé clases en Managua para aprender a manejar transmisión estándar.

LJR: ¿Qué fue lo que pasó?

Robles: Fui a rentar un carro en Cuba y era estándar, y yo no sabía manejarlo.

LJR: Debió haber sido frustrante.

Robles: Ese día seguro contraté un chofer, así que el problema se resolvió. Pero el punto es que gran parte de nuestro trabajo como corresponsales internacionales son las cuestiones logísticas en las que nadie piensa. ¿Va a haber Internet? ¿Vas a poder enviar tu nota? ¿Cómo llegas del punto A al punto B? ¿Es seguro llegar del punto A al punto B? Hay muchísimos detalles, pequeños y grandes, que tienes que resolver antes de hacer la investigación. Como, por ejemplo, si sabes manejar el carro. Así que tomé clases de conducción dos veces: una de adolescente para aprender a manejar automático y otra de adulta para aprender estándar. Nunca más iba a subirme a un carro rentado y resultar que no lo podía manejar. No iba a dejar que me volviera pasar.


Este texto fue traducido con asistencia de IA y revisado por Jorge Valencia.


TOMADO DE Frances Robles, veterana corresponsal de Cuba, sobre cómo informa desde la periferia - LatAm Journalism Review

Comentarios

Entradas populares de este blog

SUPREMO CONSEJO DEL GRADO 33 DE LA LENGUA ESPAÑOLA PARA EL SUR DE LOS EE UU DE NORTE AMERICA.

Los animales y sus significados simbólicos en la mitología, la literatura, el arte, las culturas, la religión y la espiritualidad.

Trump está enviando al Estado Profundo a la letrina mientras limpia la casa en el FBI y el Departamento de Justicia