Qué dice la psicología de las personas que siempre dan las gracias y tratan con amabilidad al personal de servicio: estas son sus fortalezas

 

Dar las gracias es un rasgo evidente de humildad y empatía.

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“Justo hoy me ha sucedido algo peculiar”, me cuenta la psicóloga Olga Albaladejo mientras abordamos el tema del artículo que nos ocupa. “Fui con mi madre a comer a un ‘buen restaurante’ porque era su cumpleaños. Estábamos con los postres cuando, en la mesa del lado, una señora comenzó a increpar a la camarera en un tono alto y humillante. La llamó ‘rancia’ y le lanzó una serie de descalificaciones que nos dejaron perplejos. No pude evitar intervenir y le pedí que, por favor, tuviera respeto hacia la camarera y hacia el resto de los comensales. ¿La respuesta? Insultarme a mí”.

Su historia me deja perpleja, pero no acaba ahí. Y es que esta señora gritona y agresiva siguió con su retahíla asegurando que “era cliente habitual del restaurante, que tenía dinero para comer allí todos los días y que, por tanto, tenía ‘derecho’ a todo”. No queda más espacio para el asombro. Pero Olga remata la faena. “Curiosamente”, concluye en su narración, “decía que todo el mundo tiene derecho a equivocarse, pero no aplicaba esa indulgencia a quien le servía la comida”.

No cabe duda de que el asunto ha estado girando en nuestras mentes cuando nos hemos preguntado, ¿qué dice la psicología de las personas que sí que dan las gracias y tratan con amabilidad al personal del servicio?

Buenas personas

“Aquella escena fue un ejemplo perfecto de algo que ya decía Zig Ziglar”, comienza oficialmente esta entrevista la psicóloga y autora de Conjuros del Bien-estar, Olga Albaladejo, “el dinero puede pagar tus estudios, pero no te hará buena persona”.

Para ella, “agradecer de corazón, sin importar a quién tengamos delante, no tiene nada que ver con el nivel económico ni con la supuesta educación académica. Tiene que ver con cómo vemos al otro, con reconocer su humanidad". Y es que, en los gestos cotidianos, asegura la psicóloga, es donde vemos realmente representados los rasgos que caracterizan a una persona.

La empatía en el corazón de la gratitud

Uno de esos rasgos, continua la experta, es la empatía“Las personas que agradecen a quienes les atienden muestran una conciencia emocional elevada”, asegura Olga. Porque “no solo ven el servicio prestado, sino también a la persona que hay detrás, como a alguien con su propia historia, su cansancio y sus propios desafíos”.

La empatía no solo les permite ser más amables, sino que “esta capacidad de ‘ponerse en el lugar del otro’ es una de las claves de la inteligencia emocional”, añade la psicóloga.

Reconocer al otro como un igual

Es innegable que, cuando alguien nos atiende, sea en un bar, en un restaurante o en una tienda, hay cierta jerarquía. Tú eres el cliente, la otra persona, el servicio. Y por eso, nos explica Olga, “agradecer rompe, aunque sea por un instante, con la jerarquía implícita de algunas interacciones sociales”.

Al darle las gracias al otro, de cierta forma le decimos “te veo” y “valoro lo que haces”, asegura la experta. Y lo hacemos “más allá de cualquier rol o uniforme”. Lo mejor de todo, añade Albaladejo, es que “esto tiene un enorme poder reparador en un mundo donde muchas personas se sienten invisibles”.

Valores prosociales

Lo que hacemos, en cierta medida, determina lo que somos. No puedes fingir tener principios y valores. O los tienes, o no los tienes. Y tal como nos explica la psicóloga Olga Albaladejo, quienes dan las gracias a las personas que les atienden suelen tener “un fuerte sentido de justicia, respeto y colaboración”.

Para la experta, estas “son personas que no solo se preocupan por su bienestar individual, sino también por contribuir, desde lo cotidiano, a un clima más amable”. Personas que, al fin y al cabo, dejan el mundo un poquito más bonito de lo que lo encontraron.

La autoconciencia y la humildad

El gesto de dar las gracias nos asegura Albaladejo, “no nace solo de la educación recibida, sino de una cierta humildad psicológica”.

O lo que es lo mismo, quien se dirige de forma amable a quienes le atienden, demuestra “saber que nadie es más que nadie, que todos dependemos de otros, y que reconocer lo que hacen por nosotros no nos hace menos, sino más humanos”. Todo un gesto de humanidad y humildad que marca quienes somos en realidad.

Más gratitud, mayor felicidad

Para acabar, nos recuerda Albaladejo, “desde el punto de vista psicológico, la gratitud no es solo un gesto de cortesía: es una actitud vital”. Son muchos los estudios que “han demostrado que las personas agradecidas tienden a ser más optimistas, resilientes y felices”, asegura la experta. Por eso, “lo más interesante es que la gratitud no solo beneficia a quien la recibe, sino también a quien la practica y a quien la observa”

Esto último, nos aclara, lo demuestra “la neurociencia”, gracias a la cual “sabemos que el simple hecho de ver un gesto amable, como dar las gracias, activa nuestras neuronas espejo, las mismas que nos permiten experimentar en nuestro cuerpo lo que el otro está sintiendo”.

En palabras más claras, “los gestos de gratitud y reconocimiento no solo generan bienestar en quien los recibe, también resuenan en quienes los observan. De ahí su capacidad para mejorar el clima social, incluso en espacios donde no se conocen entre sí”, concluye la experta.


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