Shabbat 250, un lazo entre el pueblo judío y los Estados Unidos de América
Por León J. Halac
Judío Americano y en honor al 250° aniversario de la independencia, Donald Trump tomó una iniciativa que nadie había tomado antes: proclamó el período que va desde el atardecer del viernes 15 de mayo hasta el anochecer del sábado 16 como un Shabat nacional. Lo llamó «Shabbat 250» e invitó a todos los americanos —judíos y no judíos— a observarlo no como ritual religioso, sino como reconocimiento de convivencia y gratitud histórica.
La reacción fue inmediata y previsible.
El mundo judío lo celebró.
Los medios lo catalogaron como gesto político. El ciudadano común lo entendió a medias.
Los enemigos del pueblo judío lo rechazaron. Los custodios de la historia lo aplaudieron Los amantes del mundo libre se regocijaron
La mayoría ignoraba, seguramente, la profundidad del vínculo entre la nación más poderosa del mundo —que cumple 250 años— y un pueblo de más de tres mil años de tradición.
La proclama de Trump es, sin embargo, mucho más significativa de lo que aparenta.
Refleja el espíritu de Washington, Madison y Jefferson: fundadores que grabaron en el ADN de la república algo que el tiempo no ha podido borrar, aunque intereses políticos están empeñados en destruir y la conmemoración del Shabbat 250 está destinado a proteger
Lo que Trump advirtió
Hay algo más profundo en esta proclama que la política o la cortesía diplomática. El Shabat no es solo un ritual. Es la primera declaración de dignidad humana en la historia de la civilización, y está estrechamente emparentada con los valores fundacionales de la Declaración de Independencia de 1776.
El Shabat se enseña habitualmente como el «día de descanso judío», y esa definición, aunque correcta, es casi una reducción injusta.
En el cuarto mandamiento, el Creador no descansa porque está cansado —eso sería un antropomorfismo que la tradición judía rechaza expresamente. La Torá habla en lenguaje humano para que el hombre pueda comprender lo divino, no para describirlo literalmente.
Lo que el Creador quiere demostrar es que el descanso no es una concesión: es un derecho. Y que ese derecho le pertenece a todos —al señor y al siervo, al ciudadano y al extranjero, incluso al animal.
El descanso es el tiempo de la libertad plena de cuerpo y alma, no solo de la persona, también del entorno familiar
Un vínculo fundacional
La Declaración de Independencia de Estados Unidos establece
Sostenemos como evidencias estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados;
El Shabat refleja el espíritu de la Primer Enmienda de la Constitución Americana , la confluencia de la libertad religiosa con la libertad de expresión son la base del pluralismo que es la receta de la paz.
Un segundo vínculo fundacional
En su proclama, Trump recordó la histórica carta que George Washington escribió en 1790 a la Congregación Hebrea de Newport, prometiendo que Estados Unidos no daría «sanción a la intolerancia ni asistencia a la persecución».
No era un gesto aislado: era la expresión del espíritu de los padres fundadores, plasmado con precisión en la Primera Enmienda:
«El Congreso no hará ley alguna respecto al establecimiento de una religión, o que prohíba el libre ejercicio de la misma; o que coarte la libertad de expresión, o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a pedir al gobierno la reparación de agravios.»
Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, 1791
El orden no parece casual. Primero aparece la libertad religiosa. Después la libertad de ex pr esión . L os pa dr es fun da dor es comprendían algo esencial: la libertad de expresión no podía transformarse en instrumento para destruir la convivencia, perseguir minorías o justificar el odio.
Durante décadas, Estados Unidos logró sostener ese equilibrio. Sin embargo, en los últimos años comenzó a expandirse en importantes sectores académicos y culturales una reinterpretación donde, en nombre de la libertad de expresión, discursos abiertamente antisemitas se integraron al activismo político —no solo como palabras, sino acompañados de discriminación y agresividad físicas. La proclama del Shabbat 250 no es solo un gesto: es una respuesta que recupera el espíritu original de la Constitución.
El judío que financió la libertad
Hay algo emocionante en ese arco histórico: la república más poderosa de la modernidad fue fundada, en parte, con el apoyo financiero crítico de un judío inmigrante que lo dio todo por su país adoptivo.
Su nombre era Haym Salomon. En el momento más oscuro de la Revolución, cuando el Congreso Continental estaba en bancarrota y las tropas amenazaban con amotinarse por falta de pago, Washington instruyó a su superintendente de finanzas Robert Morris con una sola orden:
«Send for Haym Salomon.»
Salomon recaudó en pocos días 20.000 dólares —una suma enorme para la época— y entre 1781 y 1784 prestó o recaudó más de 650.000 dólares para sostener la causa americana. Otorgó además préstamos personales sin interés a James Madison, Thomas Jefferson y James Monroe, para que pudieran dedicarse a construir la nueva nación.
Haym Salomon murió en la pobreza, a los 44 años, en 1785. Pero ganó eternidad.

En Herald Square, Chicago, se alza hoy un monumento que retrata a Haym Salomón junto a Washington y Morris. Tiene grabada la misma frase que Trump eligió recordar —esa elección no fue casual.
Una respuesta que no necesita palabras
El Shabat no necesita responderle al antisemitismo de ninguna época ni latitud. Simplemente, existe. Y esa existencia —semana tras semana, desde el Sinaí hasta el Shabbat 250— es la respuesta más elocuente que el pueblo judío puede dar a quienes sueñan con su desaparición.
El 15 de mayo de 2026, millones de familias americanas de todas las tradiciones encenderán simbólicamente las velas del Shabbat 250.
No sabrán, tal vez, que Haym Salomon murió en la pobreza para que esa república pudiera nacer. No sabrán que la carta de Washington a Newport tiene más de dos siglos y sigue vigente. No sabrán que el Shabat que observan esa noche es la ley laboral más antigua de la humanidad. Y pocos reconocerán que el presidente que convocó ese momento comprendió algo que muchos líderes modernos ignoraron: que la grandeza de una nación se mide también por su memoria.
Pero lo observarán. Y eso es suficiente.
TOMADO DE Shabbat 250, un lazo entre el pueblo judío y los Estados Unidos de América - Itón Gadol
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