¿ES LA MASONERÍA UNA UTOPÍA? Comunismo primitivo, Barbarie y Civilización

 


José Luis Najenson 

 El concepto de Utopía proviene del griego y quiere decir, en sentido literal, quot; no lugar". Fue usado inicialmente por Tomás Moro (1478-1535) para su novela de 1516, que lleva el mismo nombre. Entre otros textos famosos que pertenecen al mismo género, podemos mencionar: "La República", de Platón" (427-347 A.C.), "La Ciudad de Dios" de San Agustín, (354-430), "La Ciudad del Sol" de Tommaso Campanella (1568-1639), y "La Nueva Atlántida", de Francis Bacon (1561-1626). 

 Actualmente, el concepto de Utopía tiene -en mi opinión- tres acepciones básicas:

 A- Representación ideal de una sociedad futura de características favorables al bien de la humanidad. A esta acepción pertenecen las cuatro obras mencionadas más arriba. 

 - Como sustantivo, en general, la palabra Utopía significa: quimera, fantasía ilusión. 

 C- Forma narrativa futurista de cierta literatura de ficción, por ejemplo: "Un mundo feliz", de Aldous Huxley (1932), "1984", de George Orwell, - "Farhenheit 451", de Ray Bradbury (1920). 

 Una "Distopía", por contraste, es un escenario ficticio en el que se narra un futuro atroz. La célebre novela y película del siglo XX "The Planet of the Apes", pinta un mundo en el que la humanidad ha sido reemplazada como especie dominante del mundo, por una raza de monos hiperinteligentes que la ha convertido en una casta de esclavos. 

 Algunas de las Utopías, en el sentido de la acepción A, han tratado de realizarse, como el intento del propio Platón de convertir al tirano Dion, de Siracusa, en un "gobernante filósofo", de acuerdo con las ideas planteadas en su Diálogo "La República", pero fracasaron rotundamente. Otras, como el nacionalsocialismo hitleriano o el comunismo soviético, se desmoronaron al cabo de un tiempo más o menos largo. El primero, al cabo de la Segunda Guerra Mundial; el segundo, después de un siglo, aunque culmina en una tiranía como la de Rusia en la actualidad, con ribetes zaristas. 

 Curiosamente, Lenin llamó utópico, es decir, ilusorio, en el sentido de la acepción B, a todo socialismo que no estaba basado en el "socialismo científico" de Marx y Engels, como los movimientos y partidos socialdemócratas surgidos en Europa antes y después de la Revolución Rusa de 1917. 

 La Cuba postcastrista, después de un momento de gloria por la euforia guevarista en el continente y de la debacle de la Unión Soviética, nos muestra un pueblo paupérrimo que padece penurias, represión, aislamiento y atraso tecnológico. 

 Así, las utopías fallidas se refieren a proyectos de sociedades ideales que, a pesar de ser prometedoras al principio, no lograron alcanzar sus objetivos, o, incluso, cayeron en situaciones peores que las que intentaban superar. 

 La utopía comunista llevó ese nombre porque Marx y Engels adoptaron la teoría evolucionista del antropólogo norteamericano Lewis Henry Morgan (1818-1881), que dividía el desarrollo de las sociedades en tres etapas o fases: Comunismo primitivo, Barbarie y Civilización. A éstas ellos le agregaron una cuarta: el Comunismo, ya no primitivo sino socialista, que sería la fase más avanzada de las civilizaciones. No cabe aquí discutir las ideas de Morgan ni las otras corrientes evolucionistas, baste con acentuar que en la utopía comunista esta etapa del comunismo socialista sería la última y definitiva de toda la humanidad y la historia, una especie de retorno al Paraíso; un Paraíso rojo, tan incierto como el de los mitos edénicos de todas las épocas. 

 ¿ES LA MASONERÍA UNA UTOPÍA? 

 La Masonería especulativa ha sido a veces considerada como una utopía, por la expresión de sus objetivos explícitos, en tanto que busca la perfección moral y social de la estirpe humana, así como la fraternidad universal. Pero, al mismo tiempo, es una institución real, existente desde el siglo XVII, con miembros, rituales, logias y templos, aún vigentes en casi todos los países del mundo. 

 En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el más extendido en América Latina, la Masonería se entiende como un “sistema de perfeccionamiento individual y colectivo, que busca el progreso moral, intelectual y material de la humanidad”. Se utiliza un rito iniciático, esotérico y tradicional, que utiliza símbolos y ceremonias para transmitir conocimientos y valores a sus miembros. Su objetivo es la construcción de un mundo que promueva el desarrollo integral del ser humano, a través del estudio y la práctica de sus saberes y principios. 

 La Masonería se ve a sí misma como una vía de mejora personal y social, donde cada miembro busca pulir su “piedra bruta” y contribuir a la construcción de un mundo más justo y armonioso, así como aspira a la unión fraternal de todos los seres humanos, superando fronteras y diferencias. Promueve, además la tolerancia y el respeto a las opiniones divergentes, buscando la armonía a través del diálogo y la comprensión. 

 Y más aún, en la Masonería regular, la que sigue el modelo inicial inglés, en sus diversos ritos, se acepta un conjunto de premisas, denominados landmarks o “mojones”, entre los cuales hay por lo menos dos que contribuyen a considerarla como presunta utopía. La primera es la creencia en el Gran Arquitecto del Universo.

 La segunda, la convicción de que el alma humana es inmortal. Para decirlo con las palabras de Albert Mackey (1807-1881), notable pensador masónico nacido en Charleston, Carolina del Sur (EE:UU), quien las incluyó en dos de sus célebres 25 Landmarks de la Masonería: “XIX: Es ineludible, para todo Masón, la creencia en la existencia de un principio creador, identificado como Gran Arquitecto del universo”. XX: Todo Masón debe creer en la resurrección a una vida futura”. 

 Los forjadores de la Masonería Especulativa introdujeron el referido landmark de la creencia en el GADU como Ser Supremo y Principio Creador, no sólo porque creían en el 5,sino, quizá, para complementar el significado mayormente arquitectural de la expresión. No quisieron cambiar esas cuatro palabras por su peso tradicional, y porque GADU es una locución polisémica, es decir, de múltiples sentidos, que puede adaptarse a la gran diversidad de creencias y opiniones entre los Hermanos Masones de todo el mundo. 

 Pero la Masonería como tal carece de un discurso propio y específico sobre Dios, de una metafísica o una teología particular, y de cualquier otra ideología al respecto. No porque sea agnóstica, sino porque intenta no ser dogmática. Deja libre a cada masón para introducir su concepción de la Divinidad o de la Naturaleza, o cualquiera que fuese su Ser Supremo dentro de la elástica fórmula de Gran Arquitecto del Universo. 

 La Masonería tampoco es una religión, a pesar de sus rituales, y permite al iniciado creer en cualquier religión monoteísta -o no creer en ninguna- y equiparar individualmente a su propio Dios o Ser Supremo con el G.A.D.U. 

 La Masonería no constituye tampoco un privilegiado grupo de exégetas de la esencia de Dios ni de su relación con los hombres, ni pretende serlo. 

 Ahora bien, el problema está también ligado con el debate acerca de la Masonería regular e irregular. 

 En 1877, el Convento del Gran Oriente de Francia eliminó del Segundo Párrafo del Artículo Primero de sus Estatutos la referencia al GADU, y en otro párrafo la alusión a la inmortalidad del alma. Pronto se manifestaron las protestas, las divisiones y la resistencia a reconocer al Gran Oriente Francés por parte de muchas obediencias en todo el mundo. 

 Dentro de la Orden se vivieron tiempos difíciles y episodios de gran confusión. 

 Ya antes de ello, la Masonería Francesa había aceptado miembros ateos, como el pensador y activista político Pierre Joseph Proudhon. Cuando éste narra su propia iniciación en la Logia “Sinceridad, Perfecta Unión y Constante Amistad”, en 1847, se refiere a las tres preguntas consabidas que debió contestar: 

1. ¿Qué debe a sus semejantes?; 

2. ¿Qué debe a su país?; y 

3. ¿Qué debe a Dios?, el célebre ideólogo anarquista responde: 1: justicia a todos los hombres; 2: dedicación a mi país; 3: la guerra a Dios. Su ejemplo ahuyentó a muchos sinceros masones de fe religiosa, y la actitud del Gran Oriente Francés resultó siendo divisionista; ya que, con el pretexto de eliminar todo credo religioso entre sus adeptos, le hizo adoptar otro credo expresado a través de una negación. 

 La exclusión es más fuerte que la inclusión; la “guerra a Dios” es una postura exclusivista que no da pie a la duda y rechaza de antemano la opción agnóstica (es decir, la que plantea que no se puede saber si Dios existe o no); quizá temerosa de aquel aserto que afirma: “toda duda es ya la mitad de la creencia”. 

 EPÍLOGO CON ALGUNAS RESPUESTAS 

 Retomando la pregunta: ¿Es la Masonería una utopía?, respondemos fehacientemente: 

 NO. No se adecúa a ninguna de las tres acepciones actuales que hemos postulado para el concepto de utopía. A) Si bien busca un mundo mejor, basado en el triángulo axiológico de Libertad, Igualdad, Fraternidad, no propone una sociedad modelo específica; su propósito es más de búsqueda y desarrollo individual interior, que de formulación o construcción utópica. Los landmarks no constituyen de por sí un diseño utópico como tal. La revelación de antiguos secretos esotéricos es siempre personal e intransferible. B). No es una fantasía o una ilusión. Está viva y tiene un porvenir, C) Tampoco, por ende, es una utopía fallida, ni constituye una ficción literaria. 

 Cabe preguntarse, además, y por último, en un plano más general, si acaso puede existir una utopía igualitaria perfecta y realizable que tenga como sujeto a la humanidad, trayendo a colación la índole imperfecta de la grey humana. 

 Homo Sapiens - 

Sapiens, aunque sea la especie dominante del planeta, es, como se ha dicho, el único animal que puede beber sin sed, comer sin hambre, y matar sin necesidad. Y aún si lograra superar algunas de sus lacras o deficiencias, a nivel de la igualdad y la justicia, probablemente habría un precio que pagar a nivel de la libertad, como ha ocurrido con algunas de las mencionadas utopías fallidas. Por otro lado, las utopías -religiosas o laicas, ideológicas o literarias- no dejarán de existir, porque, a causa de su misma imperfección, la estirpe humana las necesita para sobrevivir. El deseo de ser mejor, aunque no lo consiga, o lo consiga parciamente, es quizá la única virtud humana digna de su Creador. 


TOMADO DE planchas

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