El mapa de las etnias de Irán

 


De puertas para afuera, Irán es un país persa y chií, pero de puertas para adentro es mucho más que eso. La nación del golfo Pérsico proyecta una imagen homogénea al exterior que sin embargo contrasta con su mosaico étnico interno: los persas apenas suponen entre un 47% y un 61% de la población, una horquilla que obedece a la falta de información y actualizaciones recientes, mientras que grandes regiones del país situadas fuera del corazón persa que rodea Teherán están dominadas por otros grupos con sus propias características étnicas, culturales, religiosas o lingüísticas.

Los más importantes son los azeríes, que representan en torno al 16% de la población iraní, habitan la zona norte del país y comparten con los persas la religión chií; los kurdos, que suponen cerca del 8%, practican en su mayoría el islam suní y mantienen ambiciones separatistas; y los luros, que suponen aproximadamente el 7% de los iraníes, son un pueblo iranio estrechamente emparentado con los persas y se concentran en el suroeste del país.

También destacan, con cerca de un 2% cada uno, los árabes —de mayoría chií pero cada vez más problemáticos por el avance de la doctrina suní wahabita— y los baluchíes —suníes que habitan la región estratégica de Baluchistán, entre Irán, Pakistán y Afganistán y por donde pasan gaseoductos y oleoductos claves—.

A pesar de su importancia en términos demográficos, Teherán discrimina a las minorías étnicas del país y las aparta de la vida pública. La mayoría de sus integrantes viven en zonas empobrecidas y altamente militarizadas, con servicios públicos muy limitados. La Constitución iraní, de hecho, tan solo reconoce la existencia de tres grupos, a los que reserva una cuota en el Parlamento: zoroastrianos —una de las religiones organizadas más antiguas—, cristianos y judíos, muy minoritarias y menos contestatarias que el resto.

Irán prohíbe la educación y servicios públicos en lenguas de etnias minoritarias —y aún así, no ha conseguido que ni siquiera el 40% de sus ciudadanos dominen el idioma persa—. Los medios oficiales y los libros escolares suelen contener burlas hacia estos grupos, que enfrentan además tasas de encarcelación y ejecución más altas que la etnia hegemónica.

La situación de marginación y pobreza de las etnias minoritarias de Irán tiene su origen en la llegada al poder de la dinastía Pahlaví en 1925, que se propuso crear un Estado moderno centralizado y con un marcado carácter persa para sustituir la federación de clanes y tribus que hasta ese momento componía el país. Para ello, además de rememorar la época dorada persa, pasó a la ofensiva con las minorías, sedentarizando a los grupos nómadas y eliminando lenguas y nombres tribales.

Tras un breve periodo en el que se relajó la persecución de las etnias minoritas en los cuarenta y en la que azeríes y kurdos intentaron independizarse, la revolución de 1979 vino no solo a reforzar la persificación de Irán, sino también a crear un Estado islámico. El ayatolá Ruhollah Jomeini se ganó el apoyo de las minorías con un eslogan que prometía «igualdad para todos», pero la construcción de una nación persa y chií relegó de forma definitiva a estos grupos al ostracismo.

Este contenido es fruto de muchas horas de investigación.

En un mundo que cambia de un día para otro, entender lo que ocurre y por qué es clave para formarse un criterio propio y no perderse en el ruido informativo.

TOMADO DE El mapa de las etnias de Irán - Mapas de El Orden Mundial - EOM

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