Venezuela 2026: El Enigma de Delcy y el Pulso por el Poder tras la Era Maduro

 POR Gustavo Pardo Valdes

Delcy Rodríguez jura como presidenta de Venezuela, en imágenes | Fotos | EL PAÍS América

Introducción

La juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela ha inaugurado un capítulo inédito y de alta tensión en la historia contemporánea del país. Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, el chavismo se reagrupa bajo una estructura de poder colegiado donde Rodríguez asume la representación civil y diplomática, mientras figuras como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López custodian el control territorial y militar. Este nuevo escenario plantea una interrogante fundamental: ¿se trata de una transición real hacia la normalización institucional o de una maniobra de supervivencia de la cúpula gobernante ante la presión de la administración Trump y el liderazgo persistente de María Corina Machado?

A continuación detallo qué se puede prever y el papel que están jugando las piezas clave del poder:

El escenario para Delcy Rodríguez

Delcy ha asumido el cargo bajo un mandato de tres a seis meses, según lo dictaminado por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Su estrategia inmediata parece tener dos caras:

- Mantiene una retórica de lealtad a Maduro, calificándolo de "héroe" y exigiendo su liberación para cohesionar a las bases chavistas. 

- En tanto que hacia afuera: Ha dado un giro pragmático, invitando a la administración de Donald Trump a una "agenda de cooperación". 

Al respecto se reporta que ha mantenido contactos con el equipo de Marco Rubio para normalizar las relaciones a cambio de concesiones políticas y económicas.

¿Qué harán Diosdado Cabello y Padrino López?

Ambos representan el "ala dura" y el sostén militar del régimen. Hasta ahora, han mostrado una unidad pública con Rodríguez, pero su posición es precaria debido a que ambos tienen recompensas millonarias por su captura en EE. UU.

Vladimir Padrino López (Ministro de Defensa), sigue siendo la garantía de que las Fuerzas Armadas (FANB) no se fracturen. Su rol es asegurar que el ejército reconozca a Delcy para evitar un vacío de poder o una insurrección interna. Sin embargo, su apoyo es "tutelado": cuidará que cualquier negociación con EE. UU. no sacrifique la integridad de la cúpula militar.

En tanto Diosdado Cabello (Ministro del Interior) se ha encargado del control territorial y policial. Aunque ha sido visto escoltando a Delcy en consejos de ministros, es el actor con más sospechas sobre una posible transición, ya que él es uno de los objetivos principales de la justicia estadounidense. Su prioridad será usar el aparato represivo para evitar protestas que desestabilicen esta nueva etapa.

Tensiones y previsiones a corto plazo

Se prevé que los hermanos Rodríguez (Delcy en la presidencia y Jorge en la Asamblea Nacional) concentren el poder político "civil", mientras que Padrino y Cabello mantengan el control de las armas.

No obstante, el gran interrogante es si Delcy negociará una salida para las figuras sancionadas (como Cabello) o si estos terminarán siendo desplazados para facilitar el levantamiento de sanciones.

Es de notar que aunque el régimen ha decretado medidas de excepción para arrestar a quienes celebren la caída de Maduro, lo que sugiere que, a pesar del discurso de "paz", la represión interna continuará para asegurar la estabilidad del nuevo mando.

En resumen, se espera una transición de "coexistencia forzada": Delcy Rodríguez intentará ser el puente con la comunidad internacional, mientras Padrino y Cabello actúan como los "garantes" de que el chavismo no sea desmantelado por completo en el proceso.

Conclusión

El destino de Venezuela hoy no depende solo de la legalidad invocada por el Tribunal Supremo, sino de un frágil equilibrio de fuerzas. 

Mientras Delcy Rodríguez intenta proyectar una imagen de pragmatismo para negociar con Washington, la sombra de las recompensas judiciales sobre Cabello y Padrino López actúa como un ancla que impide una apertura total. 

Por su parte, la oposición liderada por María Corina Machado mantiene el desafío de convertir su legitimidad electoral en una realidad política frente a un régimen que, aunque decapitado de su líder histórico, aún conserva intacto su aparato represivo. Los próximos meses definirán si este interinato es el prólogo de una transición democrática o el endurecimiento de un modelo que busca sobrevivir sin su figura central.

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