Por qué la Oposición Cubana no heredará el colapso del Chavismo"
POR Gustavo Pardo Valdes
La inminente caída del
régimen chavista en Venezuela plantea un escenario de asfixia terminal para el
sistema cubano. Sin embargo, mientras los analistas internacionales observan
las gráficas de petróleo y diplomacia, una realidad interna permanece ignorada:
la profunda desconexión entre el pueblo cubano y los grupos opositores que dicen
representarlo.
Tras décadas de un activismo que ha priorizado la supervivencia de sus propias estructuras y el reconocimiento externo sobre la acción civil real, la oposición organizada se enfrenta a su mayor crisis de legitimidad.
Este análisis explora cómo el
'activismo de salón' y la dependencia de las ayudas del exilio de los distimtos grupos opositores cubanos, han convertido a
la disidencia en un espectador pasivo, dejando el destino de la isla no en
manos de proyectos políticos prefabricados, sino en el caos de un estallido social
espontáneo y sin liderazgo.
Escenario de Movilización Ciudadana
(Efecto Contagio)
La caída de un aliado tan estrecho como Maduro funciona como un potente catalizador psicológico para el pueblo cubano, el cual, al ver que una estructura autoritaria aparentemente sólida puede colapsar, se rompe la percepción de "invulnerabilidad" del Partido Comunista de Cuba (PCC). Esto podría reactivar protestas similares a las del 11J (2021) o las de marzo de 2024.
Efectivamente, las
protestas de los últimos años (como el 11J de 2021 o las de marzo de 2024 en
Santiago de Cuba) han sido espontáneas
y horizontales.
¿Por que?
Hoy en día, el papel que tradicionalmente ha asumido la oposición no es tanto marchar al frente de la multitud, sino utilizar las redes sociales para denunciar las constantes violaciones a los derechos ciudadanos que comete la tirania castristas, intentando darle un lenguaje político ("Libertad", "Cambio de sistema") a un grito que generalmente empieza por "Hambre" o "Apagones".
Para la oposición cubana, la caida de Maduro supone su mayor reto: pasar de ser meros denunciantes en redes sociales a convertirse en líderes políticos en la calle.
Para que
la oposición juegue un rol decisivo, tendría que ocurrir uno de estos factores:
1.
Que los
distintos grupos (dentro y fuera) acuerden un plan de transición común, lo cual es muy poco probable que ocurra.
2.
Lograr que el pueblo no solo los vea como "gente de la política",
sino como entes con soluciones reales para la miseria, la desesperanza y el desarrollo.
3. Que ante un colapso total por falta
de crudo venezolano, la represión sea desbordada por la cantidad de personas protestando,
permitiendo que figuras de la sociedad civil se manifiesten públicamente.
¿Por qué la oposición organizada
parece irrelevante en la calle?
Mientras algunos grupos opositores se centran en discursos sobre democracia
liberal o leyes de transición, el cubano que sale a protestar lo hace porque no
tiene leche para sus hijos o porque lleva 72 horas sin luz. Esa brecha entre el
"discurso político" y la "urgencia de supervivencia" hace
que el ciudadano común no vea a la oposición como su representante
Muchos grupos han caído en una dinámica donde el fin último parece ser la
existencia del grupo mismo (publicar un informe, dar una conferencia en el
extranjero, presentar una propuesta de ley en Bruselas o Washington) y no la
movilización de masas en las calles de La Habana o Santiago de Cuba.
A continuación presento tres razones por las cuales esa brecha entre el "papel" y la "acción civil" se ha vuelto tan profunda:
1. La Trampa del Reconocimiento
Internacional
La oposición cubana, especialmente la que opera desde el exterior o tiene
vínculos fuertes fuera de la Isla, ha priorizado la incidencia diplomatica logrando
resoluciones en el Parlamento Europeo o audiencias en la OEA, lo cual es
simbólicamente importante, pero tiene cero impacto en el cubano que está
haciendo una cola de horas para comprar alimentos.
Mientras el opositor presenta un "Proyecto de Transición", el
ciudadano común ni siquiera sabe quién es ese opositor porque el acceso a la
información en la isla está en extremo filtrado.
2. El activismo de "clic" y
redes sociales
Se ha creado una burbuja donde parece que ganar una batalla narrativa en X
(Twitter) o Facebook es equivalente a ganar una calle.
Las redes son útiles para denunciar, pero han generado una falsa sensación de acción. Muchos grupos se limitan a "dar declaraciones" evitando asi la represión de los órganos policiales. La acción civil real en Cuba hoy conlleva un costo personal que muy pocos opositores están dispuestos afrontar.
La falta de estructuras de base
A diferencia de oposiciones exitosas en otros contextos históricos (como Solidaridad
en Polonia), la oposición cubana no tiene:
- Sindicatos
independientes fuertes.
- Iglesias
involucradas directamente en la movilización política de masas.
- Centros de
trabajo organizados. Sin estas bases, cualquier "proyecto" de
transición es solo literatura política; no tiene pies ni manos para
ejecutarse dentro de Cuba.
¿Qué significa esto ante la caída de
Maduro?
Considero que lo que veremos tras una caída
de Maduro es un vacío político total:
- El régimen
entra en crisis, se queda sin recursos para mantener el control social
básico.
- Protestas masivas, desorganizadas y violentas por falta
de servicios.
- La oposición
"de papel" mira desde afuera, publicando comunicados apoyando al pueblo y presentando sus proyectos de 200 páginas,
pero nadie en la calle los estará escuchando porque no hay un
vínculo orgánico previo.
Este escenario es peligroso porque, cuando hay un estallido sin liderazgo, el resultado suele ser o una represión sangrienta o que el poder lo tome un sector del ejército que prometa orden y comida, desplazando tanto a la vieja guardia comunista como a la oposición civilista
Como están las cosas hoy, es muy difícil imaginar a un líder opositor
actual "tomando el micrófono" en una plaza de Cuba tras la caída de
Maduro. Lo más probable es que los acontecimientos sobrepasen tanto al Gobierno
como a la Oposición tradicional.
En resumen, la caída de Maduro no será el triunfo de la oposición cubana tradicional, sino el examen final que evidencie su desconexión con la realidad de la isla. Mientras estos grupos se han consolidado como estructuras burocráticas dependientes del auxilio economico del exilio, absolutamente centradas en la retórica y los proyectos teóricos, han descuidado la construcción de una base social real y operativa. En consecuencia, el colapso del subsidio venezolano no encontrará una alternativa política lista para gobernar, sino un vacío de liderazgo peligroso.
El futuro de Cuba, ante la ausencia de una oposición con capacidad de acción civil, se encamina hacia un escenario de implosión orgánica. El cambio no vendrá de las declaraciones de quienes han hecho de la disidencia un modo de vida, sino del ciudadano común que, empujado por el hambre y la falta de servicios, sobrepasará tanto la represión del Estado como la inoperancia de los grupos opositores.
Al final, la historia demostrará que la libertad de Cuba no fue gestionada desde el activismo profesional, sino arrebatada por un pueblo que aprendió a luchar solo, ante la mirada de una oposición que se quedó esperando un cambio que nunca supo dirigir.
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