De Fidel a Maduro (I): un informe revela cómo Cuba convirtió el narcotráfico en política de Estado y diseñó el Cartel de los Soles que hoy domina Venezuela

 POR Santiago Carranza-Vélez

Fidel Castro y Nicolás Maduro. Redes Sociales.


«Las drogas pueden hacerle más daño al imperialismo que las bombas atómicas«. Con esta frase, pronunciada en 1972 por Fidel Castro al dictador rumano Nicolae Ceaușescu, arranca el informe Cuba, precursor del Cartel de los Soles. El documento, elaborado por el Center for a Free Cuba, la Asociación Iberoamericana para la Seguridad Global y la Asociación Española Cuba en Transición, pone negro sobre blanco una realidad incómoda: el castrismo no fue sólo un régimen totalitario, sino también el laboratorio inicial del narcotráfico como política de Estado.

Según el informe, ya en los años de Sierra Maestra, los guerrilleros de Fidel Castro dependieron de Crescencio Pérez, campesino que controlaba cultivos de marihuana. Lo que comenzó como necesidad logística se transformó en una convicción estratégica: el tráfico de drogas era un recurso de poder.

En los años 70 y 80, los contactos se formalizaron. Altos funcionarios cubanos establecieron relaciones directas con Pablo Escobar, Carlos Lehder y Roberto Suárez. A cambio de abrir rutas hacia Estados Unidos, Cuba facilitó armas y apoyo a las guerrillas colombianas como el M-19.

Noriega, Nicaragua y el primer Cartel de La Habana

El informe recuerda cómo Fidel Castro medió entre el dictador panameño Manuel Noriega y los carteles colombianos para instalar laboratorios de cocaína en Darién. También documenta la complicidad con el sandinismo: aviones cargados de droga aterrizaban en pistas controladas por el régimen de Ortega bajo supervisión cubana.

Lejos de ser casos aislados, estas operaciones mostraban que La Habana utilizaba el narcotráfico no sólo para financiarse, sino como arma geopolítica en la Guerra Fría.

Foro de Sao Paulo: la alianza con las FARC

Tras la caída del Muro de Berlín, Fidel Castro y Lula da Silva fundaron en 1990 el Foro de Sao Paulo, integrando a las FARC como miembro fundador. Los documentos hallados en el ordenador del guerrillero Raúl Reyes en 2008 revelaron vínculos estratégicos y financieros entre el narcotráfico y los gobiernos aliados del Foro, con Cuba como centro de coordinación.

El salto cualitativo llegó en 1999. Hugo Chávez, recién llegado al poder, viajó a La Habana, donde recibió asesoría directa de Castro y el envío de decenas de agentes cubanos. Nacía la simbiosis conocida como Cubazuela.

La inteligencia castrista se incrustó en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), en PDVSA y en los aparatos de seguridad. Con el visto bueno de Cuba, la Guardia Nacional Bolivariana pasó de aceptar sobornos a dirigir directamente rutas de cocaína en alianza con las FARC y el ELN. Así, el primitivo «Cartel del Sol» se transformó en el Cartel de los Soles, un entramado criminal que confunde sus fronteras con las del propio Estado venezolano.

Testimonios que desmontan el mito

Desertores como Leamsy Salazar, exjefe de seguridad de Chávez y Diosdado Cabello, o Hugo «Pollo» Carvajal, antiguo jefe de inteligencia militar, han confirmado el papel decisivo de La Habana: sin Cuba, sostienen, el aparato narco no habría alcanzado el grado de sofisticación y protección actual.

El informe es contundente: el régimen cubano no fue un actor periférico, sino el arquitecto principal de la estrategia narco-revolucionaria en Iberoamérica. De Sierra Maestra a Miraflores, de Escobar a Maduro, la huella cubana es inseparable del Cartel de los Soles.

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